Notas

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El dolor puede volverse tan intenso que los latidos de tu corazón se convierten en enemigos. Y solo quieres que pare. Juegas en la herida. Clavas tus dedos sobre la piel para mitigar los calambres, pero sigue doliendo. Al mínimo roce te estremeces y evitas moverte para no sentir los pinchazos nunca más. Pero es inevitable chocarse contra el mundo.

Decides intentarlo una vez más. Aprietas con fuerza sobre la herida, con las lágrimas bañándote las mejillas y un mareo que no te deja pensar. Es hora de aprender hasta dónde duele y acostumbrarse a las olas de escozor profundo.

Y aprendes. Te acostumbras. Y descubres dos verdades. 
1. A veces el dolor más intenso proviene de lo más inofensivo.
2. Para que deje de doler, hay que sufrirlo hasta el final.

Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.