evan rachel wood
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21st Century Woman [Sin Filtros]

Think what it is like to feel attraction, desire, affection towards others, to want to tell them about yourself, to feel that assumption on which self-respect is based, that you are worth something, and that if you like someone, surely he will be pleased to know that. To be, in other words, still a living woman, and to be told that every day that you are not a woman but a tired object that should disappear. That you are not a person but a joke. (Zoe Moss)

[Versión española abajo]

Her: Listen. Life is a Russian roulette. The world changes. I change. What are Americans without their speeches? What are Britons without their political correctness? What are Spaniards without their loudness? What am I without my extreme reactions to life? I define my identity on what others think of me. The people that I choose to have around me are either strong women or bossy men. Both have something in common: they don’t give a damn about me. The rest never get through the first-impression test. Too boring. Too nice. Too polite. Too into me. When I first cut my hair short, my dad would tell me that it was not feminine. My mom would tell me that I looked like a lesbian. I’d tell myself that I was a courageous, brave badass for looking exactly how I wanted to. Whenever I need a change, I cut my hair short. Whenever I need to remind myself who I am, I cut my hair short, for the world doesn’t change as fast as I’d liked to. It reminds me that I’m more than blonde hair, and a pretty face, and legs and gray eyes, and muscles, and protein, and bright colors, and loudness, and madness, and rock, and impulses. I am me. Sex is good. Everybody knows it. But for me, it’s more than that. It’s commitment. There’s no way back to holding hands once you’ve opened your legs. You know that. That’s why I fool around with my pants on. It’s easier to let them think they own me when they don’t own a shit. I’m my own property. And sometimes I’m in the wrong place at the wrong time, and the world makes me feel I’m useless, worthless, weak. Fortunately, the world keeps changing. But there’s something that remains motionless: how I feel when you’re near. How a room feels when you’re in it. I haven’t felt so self-satisfied since I fantasised with an Irishman who played the «treat them mean, keep them keen» bullshit with me. It’s like you’re a mirror with unlimited positive energy. And I truly enjoy the image of me that you’re projecting. I can’t stop looking at you. I can’t stop looking at me.

Him: I’m married.

Her: And I’m dying.

Sin filtros

Piensa en lo gratificante que es sentir atracción, deseo, afecto hacia los demás, querer abrirte a ellos y asumir que ellos quieren escucharte, esa tonta asunción sobre la que se basa el auto respeto, saber que vales algo. Y que si te gusta alguien, debes decírselo porque querrán saberlo. Ser, dicho de otra forma, una mujer viviente y que aún así te recuerden cada día que no eres más que un objeto desgastado que debería desaparecer. Que no eres más que un chiste.

Ella: Mira. La vida es una ruleta rusa. El mundo cambia. Y yo con él, pero por fuera. Las personas no cambian. Uno de mis defectos es definir mi identidad en base a lo que los demás piensan de mí. No sé por qué te estoy contando todo esto, pero necesitas escucharlo. Las personas que elijo tener a mi alrededor o bien son hombres posesivos o mujeres dominantes. Ambos tienen algo en común: si dejo de existir, ni pestañean. El resto no pasa del primer escaneo: demasiado buenazo, demasiado correcto, demasiado educado, demasiado aburrido. Demasiado por mí.

Cuando me corté el pelo por primera vez a lo garçon, mi padre me dijo que no era muy femenino. Mi madre me dijo que parecía una de esas lesbianas. Era la primera vez en mucho tiempo que hacía algo por y para mí, en lugar de para complacer al prójimo. Desde entonces, cuando necesito un cambio me corto el pelo.  Me recuerda que soy más que una melena rubia, una cara bonita, unos ojos grises o piernas largas o una falda corta. Soy más que músculos y proteína y colores chillones y ruido y locura y rock e impulsos. Yo soy yo.

El sexo está muy bien. Todo el mundo lo sabe. Pero para nosotras, para mí, es algo más. Es compromiso. No hay vuelta atrás una vez te abres de piernas. Agarrarse de la mano o besarse ya no es suficiente, siempre querrán más. Lo sabes. Por eso juego con los pantalones puestos. Es más fácil hacerles creer que les pertenezco cuando en realidad no tienen ningún control sobre mí. Soy mi propia dueña. Y a veces pasa, a veces me encuentro en el lugar equivocado en el momento equivocado, y el mundo me hace sentir inútil y pequeña. Por suerte el mundo cambia.

Pero hay algo que permanece inamovible: lo que siento cuando te tengo cerca. No había sentido algo tan intenso desde que me decidí a quitarme el polvo un día y descubrí que las perlas pueden ser tan duras como los diamantes. Y sin necesidad de lucir melena. Eres una metáfora con su propia historia, un espejo con inagotable energía positiva. Y realmente disfruto del reflejo que proyectas de mí. Por eso no puedo dejar de mirarte. Por eso no puedo dejar de mirarme.

Él: Estoy casado.

Ella: Y yo me estoy muriendo.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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