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366 pensamientos ciclotímicos

Aún no me he parado a pensar de verdad en lo que el 2012 ha sido para mí. Fríamente, digo. Ocultar los mejores momentos por cuatro tonterías sin importancia y tres semanas llenas de lágrimas han hecho que me olvide de lo demás. De lo que no reluce. Los primeros meses del año resultaron ser una broma de mal gusto. Cuando el destino se aburre, agárrate los machos y prepárate para el apocalipsis.

Me rompí en muchos pedazos a mediados de febrero. Aunque poca gente se dio cuenta. Aprender a andar de nuevo, con los ojos cerrados, tanteando tan solo con las manos, confiando en que alguien me sujetaría si volvía a caer. Eso fue lo más difícil de todo. Luego llegaron las tardes de cañas, copas, y buffets libres adornados con ensaladas de todo tipo. Películas, planes inesperados, sonrisas encubiertas, sorpresas por llegar… Un verano intenso, con apariciones estelares y una graduación bastante peculiar. Ese sentimiento de….»sí, he acabado pero no» Despedidas, y reencuentros.

Septiembre llegó cargado de sorpresas. Después de pasar todo el mes de agosto estudiando, tostándome cual gamba inglesa, y luciendo modelitos ceñidos, tacones altos y pestañas infinitamente largas, el mes de mi cumpleaños apareció por la puerta grande. Uno de los momentos más felices del 2012 lo viví durante este mes: 7’5 y 9’5. Dos notazas bien merecidas: misión cumplida. Soplé el humo que sobresalía por la pistola, y la enfundé de nuevo, capaz de comerme el mundo entero en ese mismo instante. No necesitaba más (el chocolate no cuenta) Por si fuera poco, tuve que decir adiós a los dos patitos para dar la bienvenida a ese número impar de tantos quebraderos de cabeza. Nunca he sido de hacer propósitos de año nuevo, así que los 23 no iban a ser una excepción. Una fiesta familiar íntima, una visita inesperada, y un álbum de fotos personalizado (lleno de borracheras, cómo no) resultaron ser las consecuencias inmediatas de hacerme cada año más.. ¿responsable?

Cuando empezaron a dorarse las hojas, yo me encontré cara a cara con la dura realidad que están viviendo otros muchos. La desgracia de este bache económico que se nos ha llevado por delante sin apenas pestañear. Aprendí que un buen libro es la mejor tirita, y que hacer de tripas corazón a veces te provoca náuseas. Valoré cosas que hasta entonces daba por hechas. Eché de menos. Cuánto eché de menos. Acepté salir a la calle día sí, día también, con ese maldito nudo en el estómago, recordándome que algo me faltaba.

Tras dos meses de buscar y buscar, encontré. Un trabajo nuevo, rostros sin descifrar, ese gusanillo en el estómago al volver a sentirme novata en algo, y un mote peculiar que, sin duda, marcaría mucho mi forma de verme (positivamente, claro) Noches de preestrenos, tardes deambulando por las calles castizas de madrid, días cargados de retos nuevos y sonrisas cómplices con el violinista del metro.. Un compendio de sensaciones hasta entonces adormiladas. Definitivamente el invierno me sentó estupendamente. Zapatos de tacón, faldas plisadas, camisas blancas impolutas y blazers a juego. Poco a poco, la mujer de mi interior ha ido ganando terreno, marcando territorio a golpe de carmín y perfume embriagador. En algún momento del camino todos paramos, sobrecogidos por las incógnitas que van acompañándonos a cada tramo: qué será de nuestro futuro, qué será de nuestros sueños e ilusiones, cómo podremos salir adelante y dónde estaremos dentro de diez años.

Casi sin darnos cuenta, nos fuimos acercando a esa fecha: el fin del mundo. Lo que nadie podía pensar es que sería el fin de mi mundo. Noticias inesperadas, sorpresas mal recibidas, nudos en el estómago (sí, otra vez) Las mariposas me abandonaron, y la realidad se mezcló con las lluvias, la fina capa de escarcha y la inseguridad de no saber cómo enfrentarme a una situación desconocida.

En resumen, puedo decir que ha sido todo un año de altibajos emocionales, de lecciones que nunca se terminan de aprender, de momentos inolvidables, vuelcos de corazón y, sobre todo, de tareas pendientes.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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