Archivo,  Introspección

Abuela

No sé lo que acaba de pasar. He entrado por la puerta y la noticia me ha golpeado en toda la cara. Hace unos días todo estaba bien. Hace un par de horas todo estaba bien. Y ahora me dicen que tú ya no estás. Te has ido de nuestro lado.

No tengo palabras porque te las has llevado todas.

¿Cuánto amor cabe en una sola persona? ¿Qué se necesita para amar incondicionalmente? ¿Los ojos? ¿El tacto? ¿El oído? ¿Un gesto? “Esa niña de ojos azules. Naciste en otoño y aquí es primavera…” Así empieza el poema que me dedicaste cuando nací. Y ni siquiera me habías conocido. ¿Te acuerdas?

Hoy he perdido a una estrella. Te he perdido a ti. No sé por qué asumí que ya no te moverías del mundo, tras tantos años luchando contra el tiempo, tras tantos años luchando contra tu propia naturaleza. Decidí que ganarías la batalla. Que ya la habías ganado. Y bajé la guardia. No supe estar. Y ahora ya no puedo, porque la que no está eres tú.

Tus consejos los tengo grabados a fuego. Nuestros momentos de mujer a mujer me los quedo conmigo. El pan con mantequilla y azúcar, los trozos de pan mojados en salsa de tomate que me dabas a probar, las caricias en el pelo para hacerme dormir. Tus dibujos, tus poemas, tus cartas, tus historias, tus tejidos. Tú.

Voy a echarte mucho de menos, abuela.

Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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