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Algo no va bien

Algo no va bien. Es verano, pero está lloviendo. Es julio, pero acabo de encender la calefacción porque me cansa ver mi propio aliento. Estoy tumbada sobre mi cama, escribiendo ésto con la manta cubriéndome el pecho y la capucha de mi forro polar tapándome la pantalla del ordenador cada dos por tres.

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Algo no va bien. Tras el jueves antieuropa, el trayecto al trabajo al día siguiente fue diferente: cargada con mi mochila y mi maleta, sentía que abandonaba el país por más razones que unas simples vacaciones. Y es cuando me di cuenta de que, en realidad, no quería irme de Escocia.

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De camino al aeropuerto solo podía pensar en dos cosas: en el Brexit y en E. Era un día gris en Edinburgh y no solo por fuera. La cara de preocupación y tristeza de mi jefe pocas veces se deja ver. El esfuerzo que tuvimos que hacer todos para concentrarnos en el trabajo ha sido notable. Preferíamos jugar con la pelota de la oficina, cabizbajos. Cualquier cosa que nos alejara de pensar. La atmósfera respiraba decepción. Nadie reía. Nadie sonorizaba su interior. No sé por qué pienso en E. A veces es mortalmente aburrido y solo quiero espabilarle de dos guantazos.

Algo no va bien. No me importan los clientes, presupuestos o problemas del trabajo. Es más. No es lo mío. Nunca lo ha sido y siempre lo he sabido, pero es más fácil ignorar lo obvio cuando no tienes un plan B. Cuánto más tiempo paso en la naturaleza, más me alejo de las preocupaciones del ser humano industrializado. He descubierto que, tras costarme mi período de adaptación, me gusta viajar sola, de pueblo en pueblo, de hostel en hostel. No conozco mejor manera de aplicar la teoría que nunca consigo aprender: dejar ir.

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Algo no va bien. Cuánto menos a salvo estoy, más humana soy. Escucho, hablo, intercambio impresiones. Soy más cercana. Me puedes tocar el alma si apareces en el momento preciso. En cambio, en Edinburgh parezco un robot y tengo la impresión de estar rodeada de productos finales en lugar de personas. Todos comparten las mismas metas, desempeñan las mismas funciones.

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Algo no va bien. Ayer estaba en Galway, saboreando la libertad en diez días, contemplando mil y un trenes por coger. Los cielos azules y las nubes bipolares me trajeron el optimismo perdido. Hoy todo es gris. Hoy no ha salido el sol. Hoy es lunes. Hoy es Edinburgh. Hoy siento que lo he perdido todo y no recuerdo haber apostado.

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Tengo la impresión de que acaba algo más que mis vacaciones. Estoy dejando atrás algo mucho más importante. Y la imagen que me viene a la cabeza es Dermot, sonriente en la litera del hostel de Cork. Creo estar dejando atrás una serie de oportunidades que no volveré a encontrar en el futuro. Otras nuevas, quizás. Pero no éstas. Y he de admitir que me gustaban bastante. Ahora, de camino al aeropuerto de Dublin pienso en todo lo que dejé en Escocia cuando vine, en lo poco que quería viajar, lo poco preparada emocional y físicamente que estaba antes de venir, la pereza de abandonar mi zona de comfort… Ahora no sé cómo encajar de nuevo en mis cuatro paredes. No quiero irme. No estoy dispuesta a volver a ser un robot.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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