naomi clark
Archivo,  Introspección

Beber para recordar

Cuántas veces se confunde el sentimiento con el significado.
Creer formar parte de algo especial.
Ver el brillo que proyectaban sus ojos.

No saber que estás ante un paciente con vacíos sin llenar y problemas sin resolver, ilusionado como parece porque había descubierto el antídoto contra todos sus yoes internos.
Una fuerza que rompería sus cadenas.

Mostrar el camino hacia un futuro mejor.
Ser esa terapia que todos necesitamos para calmar nuestros sentidos.
El eslabón desconectado de todos los vínculos de la vida.

Darnos cuenta de que nos usamos una y otra vez, cuando dejamos de necesitarnos.
Y todo esto me viene justo ahora, que no sé ni cómo me llamo.

Beber para recordar.
Recuerdos para olvidar.
Que ya no emborrachas, mi amor.

Solo eres resaca de una noche que alargamos demasiado.


Creo que me he pasado con la bebida. Voy esquivando obstáculos ficticios en una línea recta. Qué difícil es aparentar ir sobrio cuando todo cuanto piso se transforma en arenas movedizas. No logro diferenciar entre dormir con almohada o sin ella. ¿Cómo he llegado a la cama? Peor. Prefiero la dureza del colchón porque me parece el invento más cómodo, suave y mullido que se ha podido crear jamás.

Dejo el móvil sobre la mesita de noche, y cuando quiero volver a cogerlo, lo encuentro en el suelo. No sé cómo ha pasado, pero no me importa. Me siento como un marinero. No quiero hacer ruido, pero se ve que mis deseos han naufragado en la última botella de moscato. Me mando callar a mí misma por deferencia a los que están durmiendo. Me he ascendido porque me merezco el título de capitán de barco. He echado el ancla (sacar pierna y tocar suelo con el pie) pero el oleaje no amaina.

Estoy quieta. Cierro los ojos, porque no puedo más, y de repente todo empieza a bailar. No sé cómo ha sucedido. Abro los ojos de nuevo, y de repente, viene la calma. Todo permanece quieto. Me enfundo el traje de espartana para luchar entre mi deseo por dormir o evitar marearme. Difícil decisión. Por qué habré bebido tanto.

Y con todo, no es suficiente, porque tengo mucha sed. Agua. Mi felicidad se reduce a beber agua, y a la mierda con el resto del mundo. Tengo calor aunque fuera esté nevando. Adiós al somiere. Segundo intento para coger el móvil. No está en el suelo, ha desaparecido, y me veo en la obligación de encender la luz para encontrarlo. Me ciega de tal manera que quedo aturdida. Desisto, mando a la mierda al móvil, la luz, el agua y el barco.

Y, sin pedirlo, me vienen los recuerdos de una noche de invierno en la que tú, yo y el alcohol nos corrimos hasta que abrasó.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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