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Por qué darle tanta importancia si solo son palabras, letras que se deslizan por mis dedos para acabar presionando las teclas de este ordenador. Porque es así, ya no bailan sobre papel. Caen con fuerza y presionan. Solo son palabras, y aún así hay personas que esperan pacientemente para obtener su dosis, para bebérselas, para respirar de ellas, para sentirse menos solos.

Hay días en los que me faltan días. Lleno páginas y páginas de detalles sin importancia pero que, a la larga, marcan la diferencia entre lo que me toca, y lo que me resbala. Y luego están los meses sin números o notas a pie de página que prueben que una vez existí en ellos.

Cuando me preguntan si estoy en esos días del mes, solo puedo responder con un: sí, estoy en esos días de la vida en los que mi paciencia y educación se van de vacaciones. No me toques el calendario.

Tiene sentido cuando es mi mente la que lo recita.

Aquí, frente al portátil, no le veo la lógica por ninguna parte. Sé desde hace tiempo que no soy la misma, pero no me había dado cuenta de cuán diferente es la persona que se mira en el espejo cada día. Un espejo que no es suyo, una habitación que no es suya. Unos ojos que no le pertenecen. Me miro las manos y sonrío, porque la gran verdad que tanto me ha costado aprender ya es mía, por fin. Aprieto mis dedos en un puño mientras comparto mi mejor versión. Que cuánto menos lo intento, más consigo. Es difícil dejar ir, soltar, perder el control para ganarlo. ¿Tiene sentido?

Una foto publicada por Perla ➰ (@perlameetstheworld) el

Y sin embargo, es tan cierto como que no sé nada. Aprender un nuevo idioma expande tu mente, y automáticamente crea un duplicado de tu alma. Pareces tú, pero no. Todo cuanto transmites, discurre de forma diferente. Escoges palabras diferentes para expresar lo mismo, y la respuesta también es distinta. A veces te levantas por las mañanas sabiendo que no tendrás sentido, digas lo que digas, leas lo que leas, escuches cuántos monólogos quieras. Otros días no puedes callarte porque todo fluye por sí solo. Sin pensarlo. Ahí está la gran verdad.

Si lo intentas con demasiadas fuerzas, no dejas nada para el futuro. 

Alguien me dijo una vez que soy como uno de esos objetos únicos y originales que solo encontrarías en un mercadillo de Navidad, en una ciudad perdida que probablemente nunca vuelvas a visitar. Tienes toda la razón. Llevo olvidándome de mí un rato largo ya. Pero es que los detalles sin importancia desvían mi atención. Estoy tan ocupada saboreando las victorias de pequeñas batallas que me he olvidado completamente de la guerra que jamás podré ganar: la vida siempre podrá conmigo. Pero en mi mente mi mundo no tiene fronteras, no hay fin. El tiempo solo existe para no dejarse perder. Las necesidades básicas insatisfechas lo invaden todo.

Son solo palabras, me repito.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

2 Comentarios

  • Tibufin navideño al acecho

    Uy, si el final de tu post me recuerda mucho a unas divagaciones que te escribí hace unos días en la… en un… en… ¡Hola! Pues sí que hace frío, sí.

    «Es difícil dejar ir, soltar…»- ¿Es ese tu verbo favorito, soltar? Lo empiezo a sospechar, aunque por desgracia algunas cosas siguen quemando incluso cuando no están. ¿Tiene sentido eso? Frío y quemar, mira qué bonito me ha quedado. (Creo que vengo con colocón de gases, que algo se andaba quemando en mi calle… de ahí el filosofeo que arrastro).

    ¡¡!!

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