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Café desvelado

La lluvia empieza a empañar tus dudas, de fuera hacia adentro, y a cada paso que doy más cerca estoy de saciar el hambre que descaradamente me devora, de arriba a abajo. A un lado, una mesa con un café frío, en reposo, abandonado porque te bastan mis juegos para no cerrar los ojos. Café desvelado en una mañana de invierno bajo peros.

Solo necesito un momento de locura para cogerte por la barbilla y obligarte a beberme por los ojos. Olvidarme de los menos, no esperar y arrinconar tu fidelidad contra la fría pared del desengaño. Que tu espalda golpee con un ruido seco la dureza del raciocinio, incapaz de amoldarse a esta fantasía que pienso crear entre tu lengua y la mía.

Dame un momento, solo uno, para perder los papeles y mecanografiar otros nuevos en los que saliva y verso, entre gotas de lluvia, nos empapen la realidad para fundirnos en éso, gotas nuestras sin sueño. Sin dueño. El olor a café mañanero será el perfume del crimen, con la taza de fondo, para que tiembles cada mañana cuando te prepares un cortado. O un largo. Café desvelado, frío, sin uso. Como tus manos cuando se enrosquen por la cinta de pelo que te robará la libertad de tocarme. Porque de eso ya se encargarán mis dedos. Vista, para qué la quieres teniendo el murmullo gráfico de lo que te espera.

Robarte la orientación solo es el principio. Desesperarte a un centímetro de mi boca es el desafío. Tentarte con labios mojados es el premio. Pero no se toca. Siente. No necesitarás alas cuando me deslice sobre tu cuerpo, burlándome de la incredulidad de los que cumplen por defecto, para dar rienda suelta a lo que llevas muy adentro. El deseo es un clavo ardiendo entre tanta lluvia, tanto café frío, y tantas ganas de frotar nuestros complejos para que salte la chispa.

Que mis ojos de ángel no te engañen. Busco el infierno entre tus piernas mientras fuera siga lloviendo. Tócame la pieza de puzzle y puede que te enseñe a bailar con la cintura. Deshazte de todos esos miedos que te impiden arrancarme la ropa a bocados. Y yo te prometo un momento que grabarás a fuego en tu memoria.

Solo necesito un momento para perderme por tus ojos, cuerpo a cuerpo, uña en labio y dientes por el cuello. Que lo que mejor se me da es arañar lo incorrecto con el filo de mis dientes. Dame un momento, y no tendrás otro para pensar en lo mucho que te presionan mis arañazos sobre tu pecho. Ése que siente y padece sin permiso pero sin culpa, por algo que no debería pero está siendo, y termina en el paraíso de los libres. Ésos que no rinden cuentas a contratos sentimentales, y responden al gemido por himno. Al mordisco por bandera y a esta locura mañanera, con café frío y polvo que quema.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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