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Tristán e Isolda: complícate la vida

Si te dieran la oportunidad de decirle a esa persona todo lo que nunca pudiste, ¿qué le dirías?

Prólogo

Tristán es un chico reservado, muy prudente, tímido e inteligente; muy atractivo, se cree que no puede y siempre lo desborda. Tiene un miedo al ridículo muy desarrollado y una gran calidad humana que aflora con un par de montaditos de Oreo.

Isolda, en cambio, es extrovertida, risueña, dice lo primero que se le pasa por la cabeza, es muy mala perdedora y no tiene miedo a caerse. Se conocieron en Google, y desde el primer momento supieron que ambos cambiarían sus respectivas formas de ver la vida. Pero estaban destinados a fracasar.

Tristán dejó a Isolda sin razón, y se reunió con la tranquilidad de un antiguo amor mal curado. Isolda continuó su camino sola, buscando una explicación para comprender por qué la expulsó de su vida de la noche a la mañana, mientras puso a prueba sus límites.

La explicación llegó casi un año después. Tristán se desahogó en un monólogo que no dejaba sitio para ella. Isolda nunca llegó a contestarle y no volvió a saber nada más de él.

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Carta para Tristán, de Isolda

Hazte un favor y complícate la vida. Hoy he pensado en ti mientras corría. Pensaba en todas las ocasiones que has tenido para volver a mí, y no lo has hecho. Me pregunto si es porque no fui lo suficientemente buena como para merecer el esfuerzo o simplemente eres un cobarde acomodado que pasa de salir de su zona de confort. Ninguna de las dos opciones cambia el pasado, así que no me valen.

Hay días en los que pienso en escribirte. En confesarte todo lo que siento, lo que ya no me hace sentir absolutamente nada, y lo que podríamos haber sido si nos hubiéramos equivocado un poquito más tarde. Pero después abro los ojos y vuelvo a la realidad.

Si me hubieras dado la oportunidad de defender mi candidatura, te habría soltado mil razones por las que no elegirla a ella. Pero ni siquiera sabía que estábamos en campaña electoral.

No hay día que no pase algo que no me recuerde a ti. Un ticket desgastado en unos pantalones viejos. Las canciones de la radio. Juego de Tronos. Friday’s. La lluvia en primavera. Y qué si antes de ti iba por el mundo con los ojos fijos en el suelo. Gracias a éso aprendí a andar con los ojos cerrados. Y qué si después de ti le encontré sentido a las nubes grises con agujeros negros y me enamoré de ellas.

Tengo todo un cajón lleno de recuerdos, ¿me acompañas?

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Wagner se digiere mejor si estás cerca. Pero pasarme toda la ópera viendo tus gestos desde el palco de enfrente también tuvo su encanto. Éso y que te confundieran con uno de los acomodadores del Teatro Real.

Qué poco necesitábamos para olvidarnos de todo el mundo. Rock FM de madrugada es la mejor nana que existe. La mejor. ¿Cuántas veces te has quedado dormido escuchando With or Without you? Espero que ninguna, o me pondré celosa.

Nunca olvidaré aquella mañana de domingo. Yo preocupada por no saber qué desayunar, y tú abajo esperándome sin habértelo pedido. Sin haberlo planeado.

¿Te acuerdas de la cara que pusiste cuando te confesé que nunca había escuchado Born in the USA? «Pero si es la canción más famosa de Springsteen» dijiste. Ya ves la importancia que le doy a las tendencias. Los zapapos me persiguen allá a donde vayan mis ganas de formarme, pero qué gracia tienen si no hay alguien incapaz de asumir que no sé qué significa quedarse pajarito.

«Creo que nunca había conectado tanto con nadie como contigo«

¿Te suena? Me lo dijiste tú. Y aún así tuve que conformarme con un email. Ni siquiera fuiste capaz de decírmelo en persona. Esperé durante meses. Una llamada, un mensaje, una carta, algo que me demostrara que te importaba, que todo fue real. Que no me lo había imaginado. Al principio hasta creí que me encontraría contigo al doblar cualquier esquina. Mentiría si te dijera que en ocasiones se me corta la respiración al verte a lo lejos, y darme cuenta de que no eras tú.

He deseado y temido que te plantaras un día frente a mi portal. Y habría dado cualquier cosa por vivir un «me equivoqué, te elijo a ti, te necesito a ti» Pero me quedé con las ganas. Comprendí que solo cuando quieres a alguien de verdad, eres capaz de hacer locuras por esa persona. Tú nunca me quisiste. Pero está bien, de verdad. No te guardo rencor.

Echo de menos muchas cosas de ti. Y me encantaría decir que también te echo de menos a ti, pero ya no sé cómo eres. Solo tengo un vago recuerdo tuyo que se va desgastando cada vez que aflora en mi mente. Ni siquiera me acuerdo del timbre de tu voz. Mentiría si te dijera que no quiero volver a verte. También mentiría si te dijera que ya no siento nada por ti, que te he olvidado y me he vuelto a enamorar.

Estaba convencida de que ambos habíamos emprendido un camino juntos. Nunca me molesté en girar la cabeza para comprobar si seguías a mi lado. Y cuando quise hacerlo, ya te habías ido. No sé cuánto tiempo anduve sola todo ese camino, ¿por qué dejaste que anduviera sola?

Tienes toda la razón, una amistad sería imposible entre nosotros, porque necesito verte para oírte decir que nunca fui nada para ti, que lo sientes, que lamentas haberme hecho creer cosas que no eran, y que esperas que alguien pueda quererme algún día como merezco. Necesito cerrarte de una vez por todas, Tristán, pero no sé de dónde sacar fuerzas para mirarte a la cara. Me aterra encontrarme de nuevo con tus ojos y no saber cómo parar el mundo, o bajarme de él para que nadie me quite de en medio. No fui suficiente para ti, y creo que no soy capaz de escuchártelo decir.

¿Sabes? Cuando te despides de alguien importante, te aíslas en una burbuja irreal. Es una forma de dosificar la pérdida en frascos pequeños para que la realidad no colapse. El tiempo se congela y vives en un eterno instante. Para cuando te quieres dar cuenta, ha pasado todo un año y tu entorno ya no es el mismo. Dime, ¿cuándo fue la última vez que te sentiste a punto de caer de un precipicio? Así me sentí durante un tiempo.

Te escribo todo esto porque, durante mi congelación, he aprendido que nunca es tarde para vivir tu vida. Que mientras respires, el cronómetro lo controlas tú y que los rencores no llevan a ninguna parte. Además, de guardarte rencor por algo, sería por habernos convertido en la «típica historia»

¿Eres feliz? ¿Ella te hace feliz? ¿Pasea sus dedos por tu piel para encontrarte el cosquilleo que odias y amas a partes iguales? Dime que sí. Dime que gime fuerte cuando embistes. Dime que te clava las uñas, te araña la nuca y se estremece sobre tu oído. Dime que está allí los domingos para compartir mesa con tu familia. Que te hace sonreír cada mañana. Dime que al fin ha aprendido a quererte como mereces, que dejarme escapar a mí para estar con ella es la mejor decisión que pudiste tomar y no te arrepientes porque todo ha cambiado para mejor. Y si no es así, no sé qué coño estás haciendo con tu vida.

Piensa en mí como una lección: lánzate por la ventana, Tristán. Olvídate del paracaídas. Tú lánzate y construye tus propias alas mientras caes al vacío de lo desconocido. Dicen que la vida empieza donde acaba tu zona de confort. ¿A qué esperas? O puedes seguir como hasta ahora, a salvo, sin sorpresas, sobresaltos o imprevistos que te devuelvan la ilusión, la pasión o las ganas de un poco más. Pero al menos haz que mi recuerdo y nuestro fracaso hayan servido para algo.


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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

2 Comentarios

  • Claudia

    Yo también estoy un poco harta de las historias típicas. Al final todo se convierte en una historia así y me da rabia. No sé si te ayudará mucho lo que te diré ahora, pero muchas veces echamos de menos la imagen que nos hicimos de alguien y no a la persona en concreto, porque dudo mucho que quisieras tener a tu lado a un cobarde… Si se fue, él sabrá el motivo, pero las personas que se van una vez acostumbran a repetir! Un saludo 😀

    • Perla

      Muy buenas, Claudia!
      Hacía tiempo que no te veía por aquí. Bienvenida de nuevo 🙂

      Estoy totalmente de acuerdo contigo.
      En mi caso, aprendí la lección hace tiempo. Ésto es un eco de lo que resonó en su día.

      Gracias por pasarte (y espero que tus baches se hayan allanado, un poco al menos)
      Un saludo

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