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Cosas que nunca sabrás

Por muy fuerte que sea, nadie está preparado para ese momento en el que te dice que quiere hablar contigo, y se te cae el mundo encima. Fue bonito mientras duró. No es que quiera, pero verás. Sentir que algo se rompe dentro de ti y no sabes cómo volverás a mirar al sol a la cara sin derrumbarte. Y luego te das cuenta de que olvidar es morir, y ya nada tiene sentido.

Aquí estoy, temblando como un flan mientras te escribo cosas que nunca sabrás. Ya sabes lo mucho que me gusta desahogarme entre letras para no dejarme nada sin decir. Pero tú no lo leerás. Qué más da.

Hace una semana que salió el sol, pero yo sigo con el paraguas en la mano, esperando que pase el chaparrón. Me quemas, me abrasas en cada calle de Madrid. Y hacerme la dura no es inversamente proporcional a los sentimientos que anidan en mi interior. Para mi desgracia. Yo creí que mi único miedo era descubrir que no eras tan buen saltador olímpico, y por eso puse todo mi empeño en disminuir la altura de los obstáculos. Ahora que ya lo sé, me doy cuenta de que mi miedo era otro bien distinto: afrontar la primavera sin ti.

Conocer los antecedentes no cuenta como ventaja en un juego en el que tienes todas las de perder. Qué quieres que te diga. Desde el principio me pareció que nuestra historia superaba cualquier guión de película romántica. Un conjunto de casualidades me convencieron de que no existen las coincidencias. No contigo. Desde el primer día supe que todo lo que tuviera que ver contigo sería especial. Único e irrepetible. Puede que por eso ahora no encuentre la salida a este laberinto en el que me he metido yo sola. Conforme pasaban los días, más señales nos daba el mundo de que lo nuestro estaba escrito en las estrellas. Con o sin final feliz. Tuviste que pasarme para empezar a creer en el destino. Y ahora tengo que hacer oídos sordos a todo cuanto asimilé para volver a la dura realidad, y darme cuenta de que los cuentos de hadas no existen. Que por muy increíbles que fueran nuestras circunstancias, fechas, lugares, momentos y silencios, no nos salvó de desgastarte entre tanta lluvia.

Tú tan sol, y yo tan paraguas. Deambulábamos por calles que ahora no soy capaz ni de nombrar. Dejamos un rastro invisible de nuestras carcajadas. Declaraciones de amor silenciosas que ya no existen, no están. Nadie atestiguó lo que fue, y en tu vida no he dejado huella alguna que reivindique mi derecho a quedarme en tu memoria. Y en la mía apenas hay sitio para nada más. Tú tan correcto, y yo tan reincidente.

Supongo que contarte mis miedos y obtener un silencio por respuesta no podía ser buena señal, pero a quién le importaba. Nunca fue difícil tratar contigo. Desconcertante, eso sí. Vivir en un carnaval permanente en el que avanzaba un paso y retrocedía cuatro. Sin saber el motivo. Me encantaría odiarte. Sobre todo al descubrir que lo último que vivimos no contaba porque ya no eras tú. Eras otro. Y qué bien interpretaste tu papel. Podías haberme dado una pista, y te habrías llevado aquel beso que quedó pendiente aquella noche. Doble ración, además, si llego a saber que sería el último. Pero no te odio, no me salen las ganas. No se puede odiar lo que nunca se tuvo.

No sé en qué momento te convertiste en uno de tantos.
No sé en qué momento me convertí en la chica con el corazón roto.
Puede que lo más duro sea fingir que no te conozco.
Miento.
Puede que lo más duro sea aceptar que nunca llegué a conocerte.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

Un Comentario

  • Dios hecho mujer

    ¡Vaya cierre!»No sé en qué momento te convertiste en uno de tantos…Puede que lo más duro sea aceptar que nunca llegué a conocerte.»
    Me ha encantado tu blog. Seguiré por aquí un buen rato.
    Abrazos desde el Caribe.

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