leighton meester
Archivo,  Introspección

Creo

Estoy sentada en una estación de tren sin relojes, mirando las palmas de mis manos, nerviosas, bailando sobre mi abrigo de plumas. Tap, tap, tap. No saben estarse quietas.

Frente a mí hay un gran cartel de neón que reza «No se admiten cambios ni devoluciones» y a mi alrededor no hay nadie, no hay nada, salvo un blanco que contrasta con el rojo de mi vestido. Una mancha en un mundo impoluto. Lo único que me acompaña es un monedero lleno de billetes de trenes que nunca cogí.

No creo en las casualidades. Pero tampoco creo que todo lo que me ocurre esté predestinado. Sería como asumir que todas las cicatrices que tendré están hechas a mi medida, que solo me corresponde X cantidad de felicidad ya prefabricada y que conoceré a una cantidad concreta de personas que harán de mi mundo un lugar mejor, o peor, según me haya tocado. Es difícil plantearse una lucha diaria si la batalla ya está sentenciada.

Pero te diré en lo que sí creo. Creo que todo pasa por un motivo no planificado, que los errores no existen, y que el pasado solo debería dolernos si no hemos aprendido de él. Creo que si una persona que entró en tu vida como secundario consigue compartir papel protagonista es porque no sabemos nada de lo que nos depara el futuro, y aún así queremos controlarlo todo al milímetro. Que sí, que algunas cosas parecen estar hechas a tu medida, pero no por ello hay que dejar de soñar. Creo que la risa es LA terapia, y si te hacen reír no puede ser tan malo. También creo que los desconocidos de tercer nivel son necesarios.

Todavía me sorprendo del extraño humor que tiene el destino que me ha tocado. Las personas que ahora forman parte de mi mundo. Las que se fueron porque quisieron, porque las eché o porque su reloj se paró. Las personas que pasaron de un tercer nivel a la primera alineación de mi equipo de imprescindibles. La dejadez de quien menos te esperas. La decepción de quien más querías. La sorpresa de quien menos veías capaz.

-¿Dónde está ese instinto de autoconservación del que tanto se habla?

-No lo sé. Nadie se excita demasiado cuando todo es lógico. Y esto es lógico. De acuerdo con nuestras vidas, no podía pasar otra cosa.

-No hemos sido tan malos, ¿no es cierto?

-No, pero tampoco demasiado buenos. Me parece que es eso. No hemos sido casi nada, excepto nosotros mismos, mientras que casi todos los demás han sido muchas cosas, muchas cosas abominables.

Las primeras impresiones deberían estar prohibidas, porque según mi experiencia no aciertan nunca. No llegan al punto de sorpresa o decepción absolutas. Pero sí desencadenan decisiones que hacen que el «será» se convierta en «podría haber sido»  Y después ya es tarde para coger ese tren. No porque haya partido, sino porque ya va lleno. No hay sitio para ti.

Estoy sentada en una estación sin relojes, aprendiendo a esperar. Búscame. Procura llegar a tiempo. Aquí el tiempo no existe. Pregúntate algo. ¿Y si todas las decisiones que has tomado son equivocadas? ¿Y si todo lo que crees seguro en realidad es el preludio de un terremoto? ¿Quién te dice que todos tus errores no van a acabar a mis pies? Párate a pensar solo un segundo. No te pido nada más. Solo un segundo. ¿Y si soy yo, y he sido yo todo este tiempo? ¿Qué harías si supieras que fui tu primera opción incluso antes de que me plantearas?

Solo necesitas bajarte de ese tren, y quedarte en la estación, conmigo, sin destino, sin mapa, sin plan. Sin la seguridad de que saldrá bien. ¿Podrás?


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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

5 Comentarios

  • Alba Rubio

    También existen los trenes que abandonar, aunque a veces de miedo la caida o los rasguños con los que puedas llegar al tocar el suelo. Pero el riesgo es infinito, casi incalculable, lo que hace que el resultado pueda ser increíblemente bueno o distante, torpe, lleno de tierra. Pero, ¿y si en el salto se aprende a volar? Queda la probabilidad de salir de una piel inflexible para vestirse en otra que te haga sentir libre, clara. Por eso creo que existen trenes hechos para arrojar las distancias y a uno mismo.

    Me ha gustado mucho tu entrada; invita a reflexionar.

    • Perla

      Por eso le pido al desconocido que abandone su tren de la seguridad, con destino seguro, para quedarse conmigo, sin rumbo, en la estación. Y a ver qué pasa.

      Ya sabes, siempre es un placer tenerte por aquí.

    • Perla

      Te doy toda la razón; nunca se sabe cuándo rendirse y dejar de esperar. Por no saber, a veces no soy consciente de que estoy esperando.

      Muchas gracias por pasarte.
      PD: Muy buena tu recomendación lectora

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