Archivo,  Introspección

Cuando leas esta carta

Cuando leas esta carta. Sí, va por ti. Escúchame. ¿A dónde sueles ir cuando te sientes solo? Si me hubieras hecho esta pregunta hace dos veranos, te habría contestado con un «a todas partes», sonrisa incluida. No me mires así. Deja de arrancar todas mis razones porque esta vez es diferente. Esta vez tú te despides y yo me quedaré aquí (temblando) ¿Por qué?

¿Por qué tenemos miedo a estar solos? No, no me des la espalda. Aún no he acabado contigo. Venga, dime, contéstame. Tú, que te marchas de mi lado sin vacilar. Tú, que mantienes tu cara fría como el hielo, intacta como la porcelana, sin ningún signo de temor. Tú, que tienes todas mis respuestas, dime por qué tú no tienes miedo mientras que el resto del mundo sigue rezando.

Siempre has sabido lo extremista y bipolar que podía llegar a ser, sobre todo cuando dormía demasiado poco o mis pies estaban demasiado fríos. Siempre supiste cómo me gustaba disfrutar de la soledad, pero aún así me la arrebataste. ¿Por qué? Cómo te quejabas de aquellas personas que se agrupaban entre ellas, aunque no tuvieran nada que decirse, tan solo para no sentirse solas. Te burlabas de ellos. Y ahora que te vas, te das cuenta de que te convertiste en uno de ellos.

Niégalo cuanto quieras, pero mírate. Te has encadenado a mí tan solo para huir de tus pensamientos. Tardes y tardes, compartiendo espacio sin emitir ni un sonido. ¿Cómo podrás juzgarles ahora? Me admirabas por poder aislarme del mundo sin sentirme menos y de repente, te vas. Vuelves a dejarme en mi soledad, esa soledad que tanto adoraba y de la que tan orgullosa me sentía. Esa soledad que se ausentó tanto tiempo que ahora me parece una extraña. Cuando leas esta carta, gírate, vete. Huye.

Pero al menos dime cómo volver a hablarle al silencio.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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