jennifer lawrence
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De cuando soy yo misma

Desnúdate, demuéstrame de lo que estás hecha, enséñame tus etiquetas y tu precio y tus condiciones y tus instrucciones de uso. Sé tú misma, que te prometo que solo te juzgaré si no eres como yo.

«No me hables si pierdo. No me dejes perder. Y sobre todo, no me dejes cuando es lo que querrías hacer» 

No se cansan de repetirme que tengo que ser yo misma, para encontrar amistades duraderas, para encontrar a una «persona especial». ¿Y qué hay de mí misma? Hace tiempo que quiero conocerme, pero parece que soy la última de la lista. Mientras satisfaga los prejuicios ajenos, qué importa si te gustas o no. ¿A éso estamos jugando ahora?

Encontrarás el post original del vídeo aquí: Carta a mí misma

Sé tú misma, Perla – me dicen. Y como sé distinguir malos consejos cuando los oigo, no pude hacer otra cosa que escucharles:

No recuerdo cuándo fue la primera vez que fui yo misma. Seguramente allá por mi infancia, cuando la opinión de terceros me resbalaba por completo. Qué tiempos aquellos, ¿verdad? Cuando mis únicas preocupaciones eran:

  1. Encontrar a mis amigos. No sé por qué siempre me tocaba «ligar» al escondite. Dato curioso, teniendo en cuenta que pocos años más tarde, sería una experta en todo menos en éso.
  2. Que mi Barbie feminista tuviera sus necesidades básicas cubiertas sin Ken.
  3. Las llaves de casa y el bonobús. «¿He cerrado la puerta de casa? Oh dios mío, ¡me van a robar la Game Boy! QUÉ HE HECHO.» «Verá usted, señor autobusero. Es una larga historia, pero pensé que en estos tiempos modernos acabaríamos prescindiendo de formalidades y procederíamos a una relación cordial basada en el mutuo respeto y confianza. El caso es que sí, me he vuelto a olvidar el bonobús en casa.»

Supongo que ser yo misma entonces no suponía un gran dilema: llevar calcetines de distinto color y zarandear moreras para acumular toneladas y toneladas de hojas gigantes no hacía daño a nadie, excepto a los árboles. Dato: la primera vez que me compraron gusanos de seda y descubrí su «dieta especial», me volví loca buscando moreras por todo Las Rozas. Al cabo de dos meses, mi madre me recordó que mi colegio estaba en la Calle de las Moreras por algo. Sí, por aquel entonces ya mostraba mi superdotamiento. Que sé que no existe, pero me has entendido, ¿no?

Volviendo a ser yo misma, recuerdo claramente una ocasión en la que no pude ser más yo. Y si estuviéramos en un club de la comedia hasta me daría vergüenza decirlo en voz alta. Pero qué le voy a hacer, ¡así soy yo!

  • W: Estamos llegando a Oranienburg (campo de concentración a las afueras de Berlin)
  • Yo: Sí, puedo oler a judío desde aquí.

ZAS. Ahora es cuando vienen todas las etiquetas – nazi, xenófoba, antisemita. Hala, pero qué bruta (bueno, ésto último todavía es aceptable) – de esa gente que no tiene sentido del humor. Hipocresías de una sociedad que le pone la puntilla a todo y después se disfraza de Charlie Hebdo. Porque ¡JE SUIS CHARLIE! Les perdía un mes.

Más hipocresías:

Démosle la bienvenida al Dad Bod – o al hombre con barriga cervecera – Beber cerveza y no cuidarse es para los «Millennials», señoras y señoras, atractivo. Pues ahora mismo me voy a la barra del bar a por una cerveza. JA. Qué buen chiste. No, señores, no. Las reglas no se aplican por igual para ambos sexos. Sé tú misma, nos dicen, que alguien te querrá tal como eres. Claro que sí. Pero no te olvides de hacerte pequeñita, como una niña de 5 años. Porque cuánto más ocupan ellos, menos deberías ocupar tú. Y regálate. Regala esos centímetros que has perdido, dáselos para que los sume a su propio espacio. Total, quién los necesita. Oh hipocresía…bendita medicina para no sentirnos tan culpables por ser de todo menos nosotros mismos.

Las revistas para mujeres también me hacen reír bastante. Intentan enviar los mensajes correctos y acaban liándola parda. «No te acuestes con menores porque está mal visto.» Pero. (Siempre hay un pero) «Pero vístete como uno de ellos para atraer a hombres que no deberían acostarse con menores, porque está mal visto.»

¿Y por qué estaba hablando yo de ésto? Ah sí, ser yo misma. Puedes ser tú misma, mientras cumplas con todas las reglas establecidas y socialmente aceptadas en el siglo XXI, entre las cuales destacan:

  • No hables de tu ex en la primera cita
  • No bailes en medio de la calle, en medio de la noche, o en medio de sesión de bíceps de la clase de Body Pump.
  • No cantes en medio de la oficina sin razón alguna
  • No digas cosas absurdas como «jesus christ» cuando alguien estornuda. Nunca le pillarán la gracia. N.U.N.C.A.
  • No digas tacos o palabras malsonantes. ¿Pero qué c..?
  • No hables demasiado alto. NO ES MI CULPA SI LA MITAD DE MI INFANCIA LA HE PASADO ESCUCHANDO GREEN DAY A TODA HOS…PASTILLA.
  • No des abrazos. Directamente NO toques a nadie del Reino Unido
  • No publiques tus vídeos Dubsmash
  • Maquíllate
  • Sé perfecta
  • No comas nada que implique gases. Mmm…hummus….
  • Y un largo etcétera

Estoy muy orgullosa de ser cómo soy, espontánea, alocada, graciosa (admitámoslo, soy hilarante) Y la gente que se siente intimidada por mi forma de ser solo encuentra una palabra para definirme: loca.

Bueno, si su personalidad se considera la normal, definitivamente estoy como un cencerro. Y no me cambiaría por nadie del mundo.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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