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Decídete

Últimamente todo lo que leo, todo lo que veo y todo lo que escucho fluye hacia el mismo destino: decídete. Toma una decisión, mójate, pero hazlo ya.

Las uvas de la ira

Leyendo el capítulo XIII de Las uvas de la ira, me quedé estancada en un párrafo:

– Madre… -ella se volvió despacio hacia él, la cabeza temblando ligeramente por el movimiento del coche-. Madre, ¿te da miedo marchar? ¿Ir a un sitio nuevo? Sus ojos se volvieron pensativos y dulces.

– Un poco -contestó-. Pero que no es tanto como miedo. Me limito a estar aquí sentada y esperar. Cuando pase algo que exija una reacción por mi parte, me moveré.

– ¿No piensas en qué pasará cuando lleguemos? ¿No temes que quizá no sea tan bonito como pensamos?

– No -replicó con rapidez-. No lo temo. No debes hacer eso. Yo tampoco. Es demasiado, es vivir demasiadas vidas. Delante de nosotros hay mil vidas distintas que podríamos vivir, pero cuando llegue, sólo será una. Si voy adelante n todas ellas, es excesivo. Tú vives por delante porque eres muy joven, pero yo vivo en el momento. Lo más lejos que llego es a calcular lo que tardarán en pedir más huesos de cerdo.

En capítulos anteriores, Steinbeck aborda el tema de la espera, el paso del tiempo, la agonía de saber que se te escapa y que no te pertenece. La libertad del condenado que, pese a las pocas decisiones que puede tomar, las hace por y para él mismo. La condena del hombre libre que, pese a la libertad de decisión de la que goza, termina decidiendo lo “correcto” en base a lo que la sociedad impone.

Pero este párrafo en concreto me dejó pensando. ¿Vivimos menos nuestro presente al preocuparnos cada vez más por lo que no hemos vivido aún? Preguntarnos constantemente el famoso “¿y si…?” ya es costumbre en el ser humano, sobre todo cuando se es joven, y la inseguridad de la inexperiencia te obliga a cuestionar todo cuanto decides, haces o dices.

Hasta ahora no me había percatado de todo lo que eso implicaba. La impaciencia que tenemos por sabernos correctos, por no equivocarnos, por no decepcionar, no sufrir, no caernos. Que no duela, por favor. ¿Será ése el mejor móvil? No sé de qué está rellena esa empanada, ¿y si la pruebo y no me gusta? ¿Debería declararme? Pero ¿y si me rechaza? ¿Hago las maletas y me voy? ¿Y si no encuentro trabajo y tengo que volver? ¿Y si me roban? ¿Y si ese partido vuelve a empeorar las cosas? ¿Y si es tiempo perdido? Lo que tú quieras, pero decídete ya, por el amor de Dios.

Las vidas posibles de Mr. Nobody

Viendo Las vidas posibles de Mr. Nobody, apareció la escena que me recordó al instante aquel párrafo de Las uvas de la ira. Justo en ese momento.

“Es tan difícil decidir, porque no puedes volver atrás. Porque todo es posible hasta que tomas una decisión. Infinitas posibilidades que desaparecen cuando eliges.”

¿Cómo sería ahora mismo si, cuando me preguntó mi madre qué colegio quería visitar primero, le hubiera dicho que el de la izquierda? ¿Cómo sería mi vida si le hubiera dicho que sí a ese chico? ¿Qué persona sería ahora mismo si me hubiera criado mi padre?

Todo lo que no controlamos pasa por una razón. El resto son múltiples vidas que pudimos tener y dejamos escapar. Decisiones, acertadas o no, que nos obligaron a renunciar a una infinidad de posibilidades que ya no volverán a plantearse. Porque, por muchas segundas oportunidades que te encuentres en tu vida (y mira que no es habitual) todas ellas sucederán en momentos diferentes en el tiempo.

“Para aquellos que viven esperando, una vida es suficiente»

Es decir, rechazar un puesto de trabajo en Nueva York hoy, y aceptarlo dentro de dos años, no tendrá las mismas consecuencias que haberlo aceptado en primera instancia. Ahí ya has creado dos vidas, y has escogido una de las dos. No sabes cómo habría sido la otra; nunca lo sabrás. A eso me refiero. Pero decídete, ¿no?

Elecciones

Cada día que pasa tomo decisiones. Vivo en una constante de elecciones (algunas inconscientes) y descarto opciones que, aunque no parezcan gran cosa en el momento, con la distancia podrían haberme cambiado la vida. Pero no reparo en ello hasta que lo contemplo de lejos. No es que importe, y tampoco es algo sobre lo que tenga que agobiarme en demasía, pero cuando lo hago, pienso.

No merece la pena preocuparme por lo que no ha ocurrido.

Nos estamos agotando, viviendo demasiadas vidas en lugar de disfrutar del día a día, y no viviendo ninguna al final. No soy de arrepentirme de mis decisiones. Pero sí soy una persona curiosa, y quizás el “¿y si..?” sea lo que peor lleve de todo esto.

Hace tiempo quise agradecerle a todos los que me hicieron la vida más difícil. Unos «desagradecimientos» en forma de despropósitos. Con esto entendí que, hayan sido acertadas o no, todas mis decisiones me han llevado a vivir una serie de circunstancias que me han traído justo al punto en el que estoy ahora. Tan mal no lo he hecho. Podría haber sido peor.

¿Sabes qué? Creo que quizás deberíamos hacer caso a la mayoría por una vez, y pensar en eso de que “todo pasa por una razón” Y que nos quiten lo ‘bailao’

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

7 Comentarios

  • Claudia

    Me ha gustado mucho tu reflexión y todas las coincidencias que te han llevado a ese desencadenante (En Rayuela, Cortázar también reflexiona sobre este tema) y, sin ánimo de ofender, odio a la gente indecisa. Creo que a veces se necesita un tiempo para tomar una decisión, pero nunca hay que quedarse estancados en tonterías. Además, yo nunca me arrepiento de nada que haya hecho o dejado de hacer!
    Hacía tiempo que no publicabas nada, ya lo necesitaba 🙂

    • Perla

      Yo creo que soy indecisa hasta que tomo una decisión. Puedo darle mil vueltas y volver al principio, pero eso sí, una vez me mojo, de ahí no me mueves. Hasta el final que voy, asumiendo todas las consecuencias. Por eso te voy a dedicar este post que leí ayer y me pareció muy interesante:
      http://www.eluniversodelosencillo.com/sal-con-un-valiente/

      PD: todos los domingos tendrás un nuevo artículo mío, para que no tengas que pasar por aquí más de lo necesario
      PPD: ¿Cómo estás?

      • Claudia

        ¡Qué mona! Me preguntas cómo estoy jajaja Creo que estoy mejor, aunque ahora no sé qué espero de la vida. Gracias por el post, la verdad es que me ha gustado, aunque no sé si sabría reconocer a simple vista a alguien valiente. Sin darme cuenta, suelo elegir a los cobardes… Y me acabo de dar cuenta de que mi lector de wordpress ya no me avisa de tus nuevas entradas, la última que leí era de finales de enero creo! Estaré atenta los domingos.
        Un abrazo =)

  • Pedro Fabelo

    Para contestar a tu pregunta permíteme recurrir a una expresión periodística que seguro que habrás leído o escuchado en más de una ocasión a lo largo de tu vida. Dicha expresión reza: «No dejes que la verdad te estropee una buena noticia». En mi caso te diría: «No dejes que la verdad te estropee un buen chiste». 😉

    Y ahora soy yo el que tiene una pregunta para ti. Desde que leí tu respuesta a mi comentario admito que me tiene bastante intrigado esa frase tuya con la que cierras tu intervención: «Cuanto más sé de ti, más peculiares me resultan tus historias». ¿Eso es algo bueno, malo o regular?

    Un abrazo, Perla.

    • Perla

      Soy publicista, por mucho que haya visto Ciudadano Kane, mis conocimientos de periodismo no dan para tanto. Ergo.. se aprende algo todos los días.

      Es algo bueno; hoy en día es difícil encontrar personas peculiares, originales o auténticas. El postureo y esa tonta manía de mimetizarnos con la mayoría para sentirnos menos solos me ha «insensibilizado», al menos en el terreno de la literatura y los blogs. El tuyo es, cuando menos, peculiar. En el buen sentido.

      Un saludo, Pedro

  • Pedro Fabelo

    Hola, Perla.
    Lamento no serte de mucha utilidad en esta ocasión. «Dudas» es mi segundo apellido. De hecho, molaría que me llamasen «Mr.Dudas», por aquello del parecido fonético con el maravilloso personaje de «The Dude» en «El Gran Lebowski», la genial película de los hermanos Coen.
    Toda mi vida adulta me la he pasado dudando. Y para que veas que no miento te diré, así entre nosotros, que me he pasado como una hora o así dudando de si dejarte este comentario en el blog o no. Eso sí, una vez tomo una decisión ya no hay vuelta atrás. En eso soy bastante cabezón, como buen Tauro que soy.
    La he cagado muchas veces. Y la seguiré cagando, no lo dudes. Como todos. Incluso como ésos o ésas que juran y perjuran que nunca la cagan. Mienten. Todo el mundo la caga. Hasta Dios la cagó el día que creó a los Censores Jurados de Cuentas. Cagarla va en nuestra naturaleza, y al fin y al cabo nosotros creamos a Dios a nuestra imagen y semejanza, así que…
    En fin, con esto quiero decirte que no te agobies si a veces te ves que no sabes qué dirección tomar o hacia dónde tirar. Y, sobre todo, no tengas miedo a equivocarte. Va en nuestros genes.
    Con respecto a «Las uvas de la ira», no he leído el libro, aunque sí que he visto varias veces la película de John Ford basada en la novela de Steinbeck. La película es impresionante. De esas que dejan poso.
    Un abrazo. Y adelante.

    • Perla

      ¿Qué ha hecho que, finalmente, te decidieras por publicar el comentario? Por curiosidad.
      En realidad no tengo miedo de equivocarme, porque nunca sé si es una equivocación hasta que he tomado la decisión y, como tú, cuando decido es porque me lo he pensado bien, y sopesado pros y contras y asumo las consecuencias. Lo que sí me da que pensar es todo lo que dejo atrás con cada decisión, ya sea para mejor o para peor. Lo que pude haber sido (y no haber sido) hoy en día de haber hecho aquella o tal cosa de forma diferente. Cómo sería mi vida ahora es algo a lo que doy vueltas. Pero claro, como digo en mi post, agota tanto como vivir varias vidas en una sola. Mejor centrarme en el presente.

      Pues si ya has visto la película, no te recomendaré el libro, para que ese tiempo lo inviertas en leer algo que te sea completamente desconocido.
      Muchas gracias por pasarte, Pedro. Cuanto más sé de ti, más peculiares me resultan tus historias.

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