natalie portman
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Día Internacional de la mujer

Quiero hablar contigo

Tomemos un café, porque quiero hablar contigo.

Nos conocemos desde hace muchos años, y todavía esperas una disculpa que esté a la altura de las humillaciones. Y no te culpo. Es más, ya está bien de cargar con los pecados de otros y cumplir penitencias de terceros. Asegúrate a todo riesgo, si quieres, pero deja de firmar contratos de arrendamiento para esquivar la dura realidad. El respeto es lo que más cuesta conseguir, y la permanencia es lo que más cuesta mantener. Pero merece la pena intentarlo. Perdona, me estoy desviando del tema. A lo que iba.

Has aguantado todo este tiempo, pacientemente, contemplándote ante el espejo cada día a sabiendas de que nunca habrá más de lo que ves. Es lo que hay. Has antepuesto la sinrazón de otros para no tener que enfrentarte a ti misma, ¿y para qué? Mendigar cariño ya pasó de moda. Te has levantado cada mañana con el peso de tu mundo, del de tu madre, tu padre, tus amigos, tus hijos, tus hermanos, y del de más allá. Sin rechistar.

“Espero que, seas quien seas, escapes de este lugar. Espero que el mundo cambie y todo mejore. Pero lo que más deseo es que entiendas cuando te digo que, aunque no te conozca, aunque nunca llegue a conocerte, reír contigo, llorar contigo o besarte, te quiero. Con todo mi corazón. Valerie – V de Vendetta»

Lo peor de todo es que la única responsable es la espectadora de todo lo que ocurre frente a ese espejo. Tú. Yo. He permitido que por tu mente pasaran todo tipo de pensamientos sin filtro, ignorando la optimización emocional para dar lugar a un derroche de culpa, desdén y tristeza que no te pertenecían. Aceptando lo inaceptable. Asumiendo lo injusto. Pero ya no. Mejor tarde que nunca.

Por todo ello, quiero disculparme. Me disculpo por no haber sido más fuerte. Por haber llorado lágrimas de marca blanca, creyéndome incapaz de pagarme las mías propias. Me disculpo por haberme sentido culpable en incontables ocasiones al tratar de ser feliz. Por canjear explicaciones a cambio de aceptación. Por no saber contar hasta treinta delante del espejo si no estoy vestida. Me disculpo por ir contra mis propios consejos. Por tener tiempo de sobra para la teoría y reloj de bolsillo para la práctica. Me disculpo por creerme menos que tú. Por necesitar más que ser necesitada. Por volverme la mujer invisible cuando un hombre trajeado me desnuda con la mirada.

Me disculpo por perdonar lo imperdonable, por luchar contra causas perdidas, por rendirme antes de tiempo. Me disculpo por querer ser otra, por ser lo que critico, por no ser tan valiente como me gusta parecer, tan fría como parezco sin querer, y tan borde como soy sin parecerlo y sin quererlo. Me disculpo por cambiar constantemente mi fachada al ser incapaz de modificar mis cimientos. Por consumir la superficialidad de los kioskos y convencerme de que con un pelo más bonito, un cuerpo más esbelto y un maquillaje más propicio estaré a la altura de mis derechos. Ésos que me corresponden por naturaleza y no por género.

Me disculpo por haberlo dado todo, haberlo sido todo y no haberme asegurado contra terceros. Por no guardar una parte de mí que no pertenezca a nadie más, con pase restringido a seis meses vista. Por ponerme en duda, por olvidarme, por dejar que tu opinión me duela, tu desprecio me empequeñezca y tu seguridad me subaste. Me disculpo por aceptar lo preestablecido, por no reivindicar mi valía cada día, por ser mi propia enemiga.

Y sobre todo, me disculpo por poner siempre en duda mi valor, renegando de mi propia identidad.


Algunos datos

Aunque parezca repetitivo, creo que no se habla lo suficiente de las desigualdades que viven las mujeres. Si existen días como éste, en el que se ensalza el valor del género femenino (en el ámbito laboral o en el que sea), es porque precisamente queda mucho por hacer. Porque todos los días deberían ser nuestro día. No me malinterpretes. No odio a los hombres ni creo que deban tener menos derechos que nosotras. Simplemente ellos no tienen un día internacional del hombre. Tienen 364 días, exactamente.

A día de hoy, existen leyes específicas que denigran a la mujer. Leyes inhumanas. En pleno siglo XXI. Por ejemplo, en la India, los hombres pueden utilizar a sus esposas como medio y garantía de pago para saldar deudas. Es legal. Al igual que la violación, si están casados. En Turquía, una mujer tiene que pedir autorización a su marido para poder trabajar. En indonesia, las mujeres que quieren estudiar en la universidad tienen que someterse a un test de virginidad.

En Estados Unidos (y concretamente, en Arkansas) el marido «tiene derecho» a golpear a su mujer al menos una vez al mes.

La ablación sigue vigente en 27 países del continente africano, sin anestesia ni condiciones higiénicas propicias, lo que provoca un alto índice de mortalidad por infecciones y desangramientos. Las mujeres nigerianas pueden ser castigadas por participar en deportes o actos de carácter público. En Arabia Saudí, las mujeres no pueden conducir. Sin ir más lejos, en España (y en otros países «desarrollados») las mujeres cobramos menos por ser mujeres.

Y podría seguir con Rusia, Japón, Chile o Nicaragua, entre otros. Estos son solo algunos datos de la situación actual del género femenino. Es triste y preocupante que en muchos países, las mujeres ni siquiera sepan que existe el «Día Internacional de la Mujer» No tienen derecho a trabajar y tampoco tienen libertad para decidir qué hacer con su vida. Están convencidas de que vivir arrinconadas les corresponde por nacimiento.

Por eso, quiero dedicar este artículo a todas las mujeres que creen que merecen ser menos por ser lo que son.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.