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Edinburgh

febrero 2016

De verdad. Que no me canso de tropezarme. Me digo que ésto es así y la vida me demuestra lo contrario. Va en serio. La vida, digo. Tanto, que te matan por entenderla mientras mueres por vivirla. Estaba convencida de que yo tenía un orden y sentido lógicos a los acontecimientos, pero mi razonamiento camaleónico ha vuelto a decorar mi mente de nuevo, y sin permiso. Si ves a mi arrogancia, dile que ya puede salir, que se ha levantado el castigo.

Llevo diez días en Edinburgh y mi vida aquí no podía ser más carrusel. Cargo conmigo tantas primeras veces que me he olvidado de cómo conformarme. La soledad aquí se combate a golpe de planes. Cómo tanto en tan poco. The Who jugando con The Goo Goo Dolls, rindiéndose al azar entre cervezas e historias. Sin prosa pero sin pausa.

Nadie está solo, no puedes, no te dejan. Todos hemos perdido algo por el camino, todos tenemos algo el común. Y todos tenemos que renunciar a una parte de nosotros para poder transformarnos en algo mejor. Yo tuve que tirar la timidez a la basura. A cambio, me regalaron compañía y un sinfín de historias.

Llovió, por fuera y por dentro. Desde entonces, no he dejado de mejorar. El típico tópico del «solo tienes que seguir hacia adelante« solo cobra sentido cuando se te acabaron las opciones. Y realmente funciona.

Lo que dicen es cierto: el comienzo es lo más difícil y se te hace duro. Es lo que pasa cuando arrastras expectativas contigo. Aterrizo y la primera hostia de la vida me la da mi prepotencia. Impotencia fue mi nombre durante todo el primer día. Y ahora, estando aquí, me doy cuenta de todo cuanto tenía allí y apenas valoraba. De esos pequeños detalles que nunca necesité pero hicieron de mi rutina algo más bonito. Ahora me toca empezar de cero.

La experiencia Hostel

Ahora que me he asentado, tras varios días alimentándome de incertidumbre, he hecho un pequeño círculo de amigos al que llamo familia, y me siento como en casa. Ya no duele. Ya no estoy sola. Y tampoco sé cómo despegarme del hostel y de todo cuanto he aprendido aquí.

Echaré de menos que se apague la luz cuando me estoy duchando, o que alguien se equivoque de baño. Echaré de menos las conversaciones en la habitación y las quejas por todo: olor de pies, demasiado frío, demasiado calor, demasiada luz, demasiada oscuridad, demasiados ronquidos.

Echaré de menos entrar, saludar a todo el mundo, y sentirme arropada por gente que sabe lo que es venir sin nada, porque lo más importante lo has dejado atrás.

He aprendido a compartir, a tolerar sonidos y olores que creía inconcebibles. He aprendido a saludar, a preguntar y a no sentirme intimidada ante el hielo que siempre nos impide conocer. He aprendido a compartir. He aprendido que el miedo a hacer el ridículo te cierra el 99% de la vida. He aprendido.

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Edinburgh – English Version 

I don’t get tired of getting it all wrong. Really. I repeat to myself that it is what it is, but life always gets in the way, turning everything inside out. It’s serious. Life, I mean. So much that they kill me while I’m getting used to it, dying while living it. I thought I had a logical sense to fight every incident. But once again my chameleonic reasoning has dressed my mind without asking. If you see my arrogance, please tell it to come back. Detention’s over now.

I’m in Edinburgh for ten days now, and my life is like a carrousel. I bring with me so many first times I’ve forgotten how to settle. Plans are the killers of the solitude here. The Who playing with The Goo Goo Dolls, surrendering to random between beers and stories. No prose. No hurry at all.

Nobody’s alone here. You can’t. They don’t let you be. We all have lost something on the road; that’s our common factor. And every single one of us were forced to give up a part of ourselves to evolve and get better. I threw my shyness in a litter. In exchange, they gave me company and endless memories.

It rained, outside and inside. Since then, everything got way too better. They’re also right when they say «you just need to go on» It’s a cliché you only understand when you have run out of options. And it really works.

They’re right when they tell you beginnings are the hardest moments. It happens when you carry expectations with you. I just landed and my first life lesson here comes from my arrogance. Impotence was my first name that arriving day.

Hostel Life

Now that I’ve settle a bit after several days eating uncertainty, I’ve formed a small circle of friends I like to call family, and I feel like home. It doesn’t hurt anymore. I’m not alone anymore. And I’m gonna miss all this hostel life when I move to the flat.

I’m gonna miss the lights turning out when I’m getting a shower, or someone to enter the wrong bathroom by mistake. I’m going to miss the talking in the room, and the complains of everything (feet smell, too cold, too hot, too bright, too dark, too much snoring) I’m going to miss entering the place, greet everyone and feeling welcomed by people who know what’s like to land with nothing. Because you left your most important things behind.

I’ve learnt so many things in such a short time. I’ve learnt to share and tolerate smells and sounds I wouldn’t in other situation. I’ve learnt to greet, ask and not feeling intimidated by the unknown. I’ve learnt you lose 99% of life if you’re afraid of looking ridiculous. I’ve learnt.

 

Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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