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Es la última vez que te escribo

Un adiós disfrazado de hasta otra.
Otra historia. Otra fragancia.
Otra.

Rubia, zorra y puta
nunca llegaron a dolerme.
Mi amor propio hizo las maletas
con otro tipo de etiquetas.
Pasatiempo. Parche. Error.

No es falta de apetito.
Es mi boca en huelga de sabores.
No es frío.
Son temblores al pensarte con otra sobretusruedas
No son taquicardias.
Son tubos de escape a golpe de primavera.

No es miedo.
Es vértigo a Madrid en días de calor.
No son quemaduras.
Son ganas de lluvia sin calles separadas.
No es un nudo en la garganta.
Es Big Fish y todo lo que trajo consigo.

No es insomnio.
Es el cine con tu mano enganchada a la mía.
No es asma.
Es Ed Sheeran. Passenger. Fito. U2. MClan. Joe Purdy. Slackstring. Blur.
No es tristeza.
Es el Museo del Prado, el vegetariano, Lo que el viento se llevó, el pueblo, tenis, Semana Santa.

No es falta de pulso.
Es exceso de (tu) indiferencia.
No son lágrimas.
Es el excedente del largo plazo,
y el déficit de compañía.

No es un vuelco de corazón
Es la mera idea de unir tu nombre a una cama de hospital.
No es alergia.
Es el oleaje de «casis» que se quedaron a las puertas de existir.

No es enamoramiento.
Es conexión fallida sin garantía.
No son náuseas.
Son esos megustasmuchomeencantasestoyenamoradodeti que casi ganan el Oscar a la mejor interpretación.
No es dolor, no.
Es tu nombre hecho aroma
en un mundo sin olor.

Y cuando ya no queda nada, vuelves atrás
para averiguar cuándo empezó la mentira.

Quien avisa no es traidor.
Es la última vez que te escribo.
Tú ganas. Me has perdido.
Sonríe, vencedor.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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