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Heridas y venidas

Heridas y venidas. Por mucho que lo intentes, el pasado se las ingenia para alcanzarte siempre. Y claro, llega un momento en el que te cansas. Te cansas de que la lluvia te desprecie por tu aparente tranquilidad. Te enervas, y explotas junto a ella, con el trueno de los sueños perdidos y las responsabilidades prematuras. Porque ya está bien. Te conviertes en miles de pequeñas gotas de ilusiones caducadas que resbalan por tu mejilla porque ya no saben a dónde ir. Dónde resguardarse de ellas mismas. Caen hasta el suelo, ése que sujeta a tus piernas para que tú permanezcas en pie. Tu propia lucha se une a mil batallas no planeadas que ponen a prueba la flexibilidad de tu voluntad y las ganas de ceder a lo que realmente quieres.

Hace tiempo escuché en una película que aceptamos el amor que creemos merecer.  No recuerdo cuándo fue la última vez que dejé que alguien me tocara con cariño sin apartarme como una fiera salvaje, siempre a la defensiva, esperando un ataque por sorpresa. Puede que ésa haya sido la primera señal de que algo no va bien. Pero no me juzgues por huir de las etiquetas. Están por todas partes. No podía dejarlas entrar. No quería. #Noloharé.

Mi madre muestra unas ganas inagotables de hacerme saber que merezco su cariño, que valgo todo el tiempo y el esfuerzo invertidos en mí. He valido todas y cada una de sus penas. Pero mi animal herido se niega a creerlo, y se aleja de su ternura, esquiva sus caricias, responde con gruñidos lo que una voz dulce inicia. Del por qué sigo alejando a todos de mi lado no tengo explicación, pero sí puedo constatar que no siempre fui así. Hace un año y pocos meses confié ciegamente en el sentimiento de una persona que no me fallaba, estaba a mi lado cada día, y me demostraba con hechos lo que las palabras no alcanzaban a cubrir.

el pasado siempre presente

Él creía en mí. Y yo le creí a él, con tan mala suerte que lo que prometía estar escrito en las estrellas se quedó a medio deshacer entre el sol de invierno y las lluvias de la primavera. Todo mentiras. No puedo quejarme. Fui protagonista de un cuento, más chino que de hadas. El cuentista se llevó mi credo y me dejó tal como me encontró: gruñéndole a cualquiera que intentara quererme sin intereses.

Pero cómo esperan que me escude en amores ajenos si no soy capaz de quererme a mí misma. Tal vez, si pudieran acceder al 100% de lo que soy, no me querrían. O tal vez me amarían aún más. Imposible saberlo, pero para mí no soy suficiente. No he pedido ser reina, pero de peón sirvo aún menos. No salto como el caballo por miedo a no recordar mis propios pasos. Y del alfil ni hablemos. Puestos a estrellarnos de frente, quién quiere intentarlo de lado. Torre me gustaría, ser la protección de mi propia vida, la altura del suelo, el escudo de la lluvia, resistir las gotas de otros, y chocarme. Y resistir el golpe. De frente, de lado.

Eso es madurez, dicen. Renunciar, adaptarse. Ceder. Siempre ceder ante la adversidad, transformarse en lluvia cuando no sabes qué hacer con la falsa quietud de tu ser. Convertirte en lo que te rodea para que no te señalen con el dedo. “Mira, por allí va una chica que todavía cree. Tiene la esperanza en los ojos y la tenacidad por paraguas. Destruyamos su voluntad para que se convierta en lluvia, como todos nosotros.

Jump off a cliff
I’d give you my last spliff
I’d do it for you
Ain’t love sweet?

Últimamente me ha dado por pensar que cuando has querido mucho y te han marcado a fuego, puede que ya no vuelvas a sentir algo tan intenso por nadie, nunca más. No de esa forma.

El amor existe, y es tragedia. El verdadero amor es el que no olvidas, el que nunca dejas de sentir. No desaparece con el tiempo, las decepciones o las heridas. No puede sustituirse por otro clavo, ni atornillarse a la pared del pasado. Lo llevas contigo, cada día, sin darte cuenta. A lo peor, recuerdas algo en días puntuales y se te borra el sol de la cara. A lo mejor permanece dentro de ti, sin hacer ruido, dejándote creer que lo has superado. Cuando en realidad solo lo has dejado en la lista de problemas sin resolver.

pasado

Puede que si supiera lo que ha deshecho de mí, no se hubiera ido. Seguro. Habría esperado este final que aún no llega pero se intuye. Digno de una película épica. Tensión hasta el último minuto. Incertidumbre hasta que cae el telón. Si yo le contara con miedos y retales el sin fondo que ha creado en el centro de mi optimismo, no habría tardado un año en intentar reparar el daño. Segurísimo.

Si le ves, dile que ya no hace falta que lo intente. Una tirita es una cosquilla ridícula en comparación con el agujero negro que poco a poco aspira todo lo que un día pude llamar “romanticismo inocente”. Cuánto ha llovido desde entonces y qué pocos granos de arena han caído, a mi pesar, pese a mí. Pese a él, a nosotros. A esta lluvia estúpida que me recuerda que siempre podemos rompernos un poquito más.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

2 Comentarios

  • J.C.SANCHEZ

    Hola Perla.
    No estoy seguro, aunque creo que tampoco importa mucho si lo estoy o no, de que «el hombre (entendido como el humano) sea malo por naturaleza» ni de que el amor sea por defecto malo o doloroso o penoso…
    No entro en análisis, por que cada uno efectivamente lo percibe de una manera, lo vive de una manera, lo siente de una manera. Alguno incluso se concede momentos, minutos e incluso tiempos mucho más amplios para sentirse de manera desgraciada, no pasar página y llevar como sello de identidad las huellas del comportamiento de los demás.
    En el mundo de las letras románticas, algunos quisieron ver siempre la tragedia, lo dramático, y el dolor como seña de identidad del verdadero amor.
    Otros ven que es justo lo contrario, el amor como principio y fin de todo, por encima del comportamiento de las personas que lo expresan, con independencia de las mismas, e incluso más allá de las figuras o nombres que lo enarbolen en un momento determinado.
    Más allá de esas consideraciones, a mí me cuesta mucho quedarme con esa sensación «jodida» de quien escarba en lo más íntimo de mi ser, lo pone todo «patas arriba» y se marcha dando un portazo. Quien luego llegue, que seguro siempre hay alguien que llega, no tendría la culpa del caos que otro ha sembrado anteriormente. Al final, la responsabilidad de una actitud siempre es mía. Algunos años, tratando a quien se ponía por delante de la peor manera posible como resarcimiento del daño sufrido, me puso sobre aviso de lo mucho y rápido que se estaba secando mi corazón y ajando mi gesto.
    Pero sin duda, esto es cuestión de cada quien en su camino, un proceso que debemos hacer todos en un momento u otro.
    Me ha gustado mucho la fuerza de las letras a la hora de expresar lo que se viene a tu pecho y a tu cabeza. Es como una liberación ¿verdad? yo muchas veces siento lo mismo. Es como la terapia necesaria en ciertas ocasiones: me apetece estar triste joder dejarme mi momento, ya tendré momento para estar de otra manera. Estoy triste, y me da la gana de estarlo, no estoy loco por eso ¿no? jaja.
    Un abrazo.

    • Perla

      No es tanto el «amargarse» y rechazar el amor ajeno, como el hecho de que no puedes avanzar cuando todavía quieres a esa persona, aunque ya no esté, aunque ya no te quiera, aunque ya no tenga sitio para ti en su mundo. Los sentimientos no se pueden controlar, por desgracia, por muy buena actitud que uno tenga o por muchas ganas que tengas de superarlo y seguir con tu vida.

      Por eso, yo sigo con la mía, pero con mis recuerdos no curados a mi lado, fiel compañía.

      Como siempre, un placer tener tus impresiones

      Un saludo 😉

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