mandy moore
Archivo,  Introspección

Hogar, dulce hogar

El hogar; ese lugar al que acudimos cuando no sabemos a dónde ir. Ese espacio que se sustenta de forma perpendicular al resto del mundo. Esas cuatro paredes que hablan de ti, de mí, de nosotros. Nuestra historia, recuerdos, malos y buenos. Si tuviera tiempo suficiente, me pasaría un día entero observando los felpudos de la entrada, su mensaje o dibujo.

Dicen más de lo que aparentan. Te preparan para lo que te vas a encontrar dentro. Mi hogar reza «todo lo que digas podrá ser utilizado en tu contra» Nos gusta sentir que estamos pendiendo de un hilo con dos extremos, el cuartel policial y el juzgado. Y en medio, nada. Un gran colchón de sonrisas caducadas que siempre está ahí por si no te apetece continuar con la rutina.

Las miradas no hablan, se gritan. Y las palabras ni siquiera cortan o se clavan. No. Anidan de forma amable dentro de ti para que, un buen día, te despiertes y te encuentres a un tú que no reconoces. Las palabras habrán invadido todo, y ya no podrás encontrar las tuyas propias. ¿Dónde se han ido?

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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