keira knightley
Archivo,  Introspección

Imprevisible

«Esa gorra es monísima. Como usted. Tan sencilla y tan bonita. No, es la verdad y yo pues se lo digo.»

Curioso adjetivo para una chica de 24 años con gorro negro, pantalones rojos de leopardo, blazer negro y corbata roja escocesa. Curioso adjetivo para alguien que por dentro es más nudo que seda. Curioso adjetivo que tan solo dos miradas y una sonrisa han logrado arrancar de los labios de aquella señora. Imprevisible.

Hacia mí, probablemente una de las personas con más laberintos sin salida en la cabeza.
Que me digan a mí que todos los días son copias unos de otros cuando no he dejado de oír el tic tac del reloj en toda la noche.
Hoy parece ayer, pero todo ha cambiado.
De nuevo.

Muere esa sensación de vacío que te creas cada mañana para darte una nueva oportunidad de vivir como la persona que quieres ser. El mundo está lleno de oportunidades. En una esquina de la oficina, en el supermercado, entre dos libros, en el asiento del autobús. Antes de que me dijera todo aquello, habíamos compartido un silencio de media hora y dos historias diferentes. También de tamaños diferentes. Se quedó dormida a mi lado con un brazo agarrado fuertemente al paraguas que ya parecía mío por espacio. Y yo sentí esas ganas de abrazarla y acunarla.

Las arrugas surcaban su cara, pero su expresión serena me hizo recordar aquella calma y serenidad que desprendía mi propia abuela cuando no tenía problemas. Se permitía el lujo de abrir un libro, cerrar los ojos y dejarse llevar. Quién podría decir lo mismo hoy en día. No muchos. Seguro.

Nuestros caminos se separaron, pero gratuitamente yo intenté no molestarla durante su sueño, y ella me lo agradeció con una de las sonrisas más difíciles. Las mañaneras. Hacía tiempo que no me dejaba el reloj y mis dos anillos imprescindibles en casa. Paseo por el metro, desconociendo si llego tarde o voy sobrada de tiempo. Y en mi ignorancia, sonrío. Algo dentro de mí sabía que sería un buen día sin ser consciente de que hoy es 7. Y todos los 7 son perfectos. Sino que se lo digan a la carta que sostengo entre los dedos.

Magia pura en un sobre, olor a libros nuevos, a ideas que aún están por llegar. Todo eso en una carta. Todo esto en un 7. Puede que mi día a día no sea tan rutinario y simple como quería creer. Puede que la diferencia resida en los pequeños detalles sin importancia.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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