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Archivo,  Introspección

Los atardeceres nunca cambian

Se quedó mirando por la ventana, viendo cómo las hojas de los árboles perdían sus recuerdos para crear otros nuevos. Los pájaros iban y venían, de aquí para allá, abandonando casas de alquiler en busca de un nido que no desapareciera con el primer soplo de viento. Qué dura es la vida, y qué bonitos son los atardeceres.

Azul, naranja, verde, rosa, un poco de blanco, de fondo te pinto montañas azuladas para que nunca pierdas el horizonte. Porque el norte hacía tiempo que quedó como estampa en el retrovisor.

Ella tenía una teoría. Cuando miras atrás, pierdes un quizás y envejeces un año, por lo menos. No mirar atrás, ésa era su filosofía. Y es curioso. De tanto mirar hacia delante dejó de ver.

Se echó a temblar. El mundo estaba cambiando en ese preciso instante, y ya no tenía ese salvavidas que la protegía contra rotaciones impertinentes. Ya no te tenía a ti.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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