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Los días no vividos

¿A dónde van los días no vividos? Contemplar la belleza que nos va a destruir. Mirar cómo se mueve por la hora azul, emitiendo destellos de luz verdes que surfean por la madrugada sin luna. Cuán hermoso es el final cuando lo contemplas cara a cara y, sabiendo que arrasará con todo lo que tú eres y con todo lo que has construido, no puedes apartar la mirada, absorto, ensimismado en sus perfectos movimientos.

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Nunca antes habías presenciado algo tan bello y tan mortal a la vez. Y nunca volverás a hacerlo. Aprovechas el momento, cada minuto, cada segundo, regalándole al verdugo lo poco que te queda, porque merece la pena. Porque…no puedes apartar la mirada. Es lo más extraordinario que tus ojos han alcanzado a ver durante su corta vida.

Y también será el causante de tu ceguera inminente.

Radiante destino que sustituye a una noche cerrada, sin luna en la que las piedras de las calles se tornan en esmeraldas. Tus planes se hacen añicos conforme vas pasando las fotos de tu móvil. De repente tienes claro qué quieres, y qué no. Qué buscas en la vida. Cuál es tu meta, y qué sueños quieres cumplir.

Pero ya no te queda tiempo. Las gotas de sudor empiezan a resbalar por tus mejillas, pero no te sorprendes. No te inmutas. Ya sabías que pasaría. Todos lo saben. La agonía de la última espera te hace replantearte todo lo que una vez te dolió, preocupó o desesperó. Qué insignificantes son los problemas desde esta azotea. Qué minúsculos parecen los contratiempos que una vez te robaron tantas horas de sueño. Y lágrimas. Qué tontos fuimos al pensar que habría un mañana, seguido de otro, y de otro.

Viviendo sin vivir.

Sustituyendo rostros, edificios, paisajes, por pantallas de móvil. Andando por la calle sin despegar la mirada de nuestras manos. Al borde de un ataque de nervios cuando invaden nuestro lado de la acera. O cuando nos golpean el brazo al pasar. Cuántos minutos invertidos en ira e impotencia al perder el autobús.

Cuántos nudos en el estómago malgastados en fallos de conexión, largas colas de espera, suspensos, llaves perdidas, carteras desaparecidas o abolladuras de coche. Y qué importa eso ahora. Hemos tenido que llegar al punto de no retorno para darnos cuenta de que el tener ya no sirve si no te tienes a ti mismo. Y a las personas que hacen que el resto cobre vida por sí solo.

El precio a pagar es alto, pero la justicia es implacable. Cuando llega el final te lo imaginas de otra manera. Te visualizas a ti mismo con un poco más de tiempo para hacer lo que nunca pudiste. Organizarte un poco, poner en orden tus prioridades y dar valor a lo que ignorabas horas antes. Te busqué por la oscuridad sofocante para decirte todo lo que quedó atrapado en mi caja de Pandora. Pero la suerte no estuvo de mi parte.

Me encantaría confesarte el poco rencor que te tuve, lo bien que me fue y lo agradecida que estuve de poder empezar de nuevo. Pero no sé dónde estás. Ya no hay cobertura. Ya no hay nada. No he logrado encontrarte.

Las despedidas no gustan; cuestan, te desgastan. Pero esta noche toda la humanidad hace su sacrificio, elaborando un proceso de selección que se pueda liquidar en el menor tiempo posible. Porque el tiempo es oro, y apenas reluce en esta madrugada. Tanto odio, rencor, envidia, celos, amargura, quebraderos de cabeza, venganzas, ¿y para qué?

Me echo a llorar solo de pensar en todas las horas, minutos y segundos de mi vida que he perdido odiando, discutiendo, enfadándome, reprochando y silenciando la alegría. ¿Pero quién iba a imaginar que mis días estaban contados? Yo no, desde luego.

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«Es bonito tener a alguien. Alguien que nunca te falle. Nos complicamos demasiado la vida, nos empeñamos como idiotas en estropearlo todo, en confundirnos y  en no confundir a los demás. Nos falta tiempo, y hacen falta recuerdos para vivir ¿sabes, y no.. no vas a ninguna parte. Hacen falta.. hacen falta libros, y amigos. Hacen falta viajes y noches en vela. Y copas. Todo pasa demasiado deprisa.Tenía curiosidad por saber cómo ibas a ser. No, no me refiero al físico. Ibas a ser guapísimo, eso seguro. Es curioso, no consigo imaginarte. Siempre que lo he intentado, me sale tu padre. Sus rasgos, su sonrisa. Me hacen falta recuerdos para vivir, joder. Y tiempo, cariño. Nos falta tiempo. Pero bueno, no te preocupes porque no nos vamos ni a enterar. Ésto va a ser muy rápido. Y además, nos vamos a ir de aquí juntos. Más juntos de lo que podríamos volver a estar, así que..»

La comida me ha sabido diferente esta vez. A nostalgia, a ganas de querer quedarme aquí unos años más. A esa sensación de insatisfacción cuando aparecen los créditos de la película y te has quedado con mil preguntas sin resolver, y con cara de idiota, para variar. Y me pongo a pensar en este rincón oscuro, invadida por la reverberación fosfórica de un mar esmeralda que se cierne sobre mi cabeza, y rememoro todo lo que no llegué a vivir. Los casi, los quizás, los porunpocotocoelcielo, y me parecen pocos los suspiros que saco como conclusión.

Por qué no me bañé desnuda cuando tuve ocasión. Por qué no me lancé aquella noche. Por qué no me colé en aquella fiesta. Por qué no tuve los ovarios de subirme a un escenario y relatar todo lo mío. Por qué no fui capaz de abandonar la casa de mis padres, o esta ciudad en brasas. Por qué no cogí ese avión. Por qué no le dije que sí. Por qué no le dije que no.

Pero los porqués no me salvarán de mi propio destino. A pesar de ellos, no me arrepiento de nada. He tomado más decisiones de las que cabría esperar de una persona con tan poca filosofía de vida. He visto, oído, saboreado y tocado mil mundos en uno solo, y tantas otras instantáneas guardo de lo que me importa. He llorado, he reído, (me) he corrido, he visto la muerte y la vida, la espuma del mar borrando mis huellas, las estrellas que conceden deseos, he pataleado, he fruncido el ceño y he comido tantas cosas buenas que cómo quejarme. Cómo.

He recibido más amor del que pudiera imaginar. Qué importa si todo se apaga en unas horas. Y no sé cómo agradecerle a mi mundo todo lo que me ha dado, persona por persona, migaja a migaja, cada minuto que he tenido con mi familia, mis amigos, con desconocidos. No sé por dónde empezar los agradecimientos y con quién acabar la despedida. Me falta tiempo. Dejémoslo en tablas esta vez.

– ¿Decías en serio eso de que quieres que pasemos el resto de nuestras vidas juntos?

– Una vez leí que el cerebro almacena la última imagen que los ojos ven. La última imagen.  Ésa se queda guardada para siempre.  Y yo esta mañana, al despertar, he pensado que quiero que seas tú esa última imagen. Tú. TÚ. Así que no dejes de mirarme. No dejes de mirarme.

Lo único que me quema más que este sol de madrugada es no haberte encontrado.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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