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Archivo,  Edinburgh

Los que nos fuimos

Son las tres de la mañana y no puedo dormir. Me espera un día duro mañana entre el trabajo y citas médicas, pero aquí estoy, riéndome a carcajada limpia con los vídeos de El Rubius. Hacía mucho tiempo que no me pasaba por su canal de Youtube, y no sé exactamente qué me ha hecho buscar su nombre. Y es ahora, al ver las calles de Madrid en uno de sus vídeos, con el sol dándole de frente, el Parque del Retiro de fondo y los comentarios de la gente al pasar, cuando la nostalgia me abre los ojos. Echo de menos Madrid. Llevo sabiéndolo desde que cogí aquel avión. Pero El Rubius me ha hecho ser consciente de ello, por muy ridículo que suene. Gracias, Rubius.

A veces me pregunto si mereció la pena dejarlo todo atrás para estar donde estoy ahora. Que sí, que debería estar agradecida, y lo estoy. Doy gracias por poder aprender algo nuevo cada día: nuevas recetas, nuevas expresiones, costumbres, estilos de vida y mapas que recorrer. Se me ha abierto todo un mundo ante mí y cientos de opciones para descubrirlos. Sí, doy gracias por haber encontrado un trabajo en el extranjero, con la que está cayendo en España. Doy gracias por tener la oportunidad de mejorar otro idioma en otro país con gente que piensa de forma diferente y ganarme la vida en lo mío.
Pero eso no quita que.

madrid

Cuando miras atrás

No negaré que vivo en una de las ciudades más bonitas de Europa. Eso no significa que no vuelva la vista atrás y me dé cuenta de todo lo que dejé a mi paso. Como dice el dicho, nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Los rayos del sol, echar la tarde en una terraza entre cañas y tapas, el Vips, el Montaditos, La Sureña y La Risueña, los madrileños y sus bromas, su sentido del humor, su cercanía y su forma de hacer que todo tenga sentido cuando más lo necesitas. Echo de menos salir de noche sin abrigo, crear historias en las calles, el Retiro y el frío envolvente de las mañanas de verano de camino al trabajo.

Madrid. #TGYI #madrid

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Echo de menos La Latina, mi antigua oficina, a mis antiguos compañeros de trabajo, sentirme útil y tener el control de lo que digo, cómo lo digo y cuándo lo digo. Echo de menos la sobremesa, los picnics improvisados, que te hable cualquier desconocido por la calle sobre cualquier cosa sin ningún motivo en particular. Echo de menos volver a ser una de las «mejores» hablando el idioma. Si algo he aprendido nada más llegar aquí es que no sé nada.

Echo de menos a los conductores de autobús y su capacidad para acordarse de mi parada de autobús. Echo de menos esperar el bus de madrugada en Moncloa mientras repaso los acontecimientos más importantes de la noche. Echo de menos el olor de mi cuarto, las vistas de mi ventana y el olor de los domingos, a café recién hecho, tostadas en su punto y a mi familia moviéndose por toda la casa mientras yo pretendo estar dormida. Echo de menos el mercadillo de los domingos.

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Huele a felicidad #summertime

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Echo de menos leer. Ahora que vivo en el centro de la ciudad y tengo la oficina a escasos pasos de casa, apenas leo. Antes contaba con dos horas de lectura diarias por imposición de camino al trabajo, y del trabajo a casa. Echo de menos el metro, y encontrarme con antiguos compañeros del colegio. Es una de los pequeños detalles que hacen de las grandes ciudades algo mágico: cuando te encuentras con un conocido y te preguntas en qué momento vuestros horarios se pusieron de acuerdo para concederos ese breve encuentro.

Echo de menos decirle a mi mejor amiga eso de “¿quedamos después? Quiero verte.” Ahora el Skype es todo lo que nos queda, de momento. Echo de menos poder abrazar a mi familia y amigos cuando quiera, verles cuando lo necesite, compartir espacio y tiempo con ellos sin hacer nada salvo estar tirados en el sofá, viendo la tele. Oh, la siesta. Cómo la echo de menos. Echo de menos ir a la Cibeles para celebrar las victorias de mi equipo. Y ver Madrid vestida de blanco.

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Echo de menos la Feria del Libro, y San Isidro, y la Semana Santa, y todas las excusas que nos inventamos para salir a la calle y comernos el mundo con planes que se alargan hasta la madrugada. Echo de menos la cercanía, los abrazos, la transparencia. Echo de menos que se mojen conmigo, que den un puñetazo sobre la mesa, que me cuenten lo que les pasa por la cabeza. Echo de menos conectar con alguien. No es fácil hacer amigos en una sociedad que de por sí no es muy abierta.

Echo de menos las happy hours en el Fridays de Plaza de España, y a los camareros de toda la vida. Que nos llamen por nuestro nombre nada más llegar y nos preparen nuestros cócteles sin tener que pedirlos. Echo de menos que me conozcan y lo que es más importante, que quieran conocerme. Echo de menos pasear por la Gran Vía, ir andando hasta Moncloa por nuevos caminos, pasar por el Palacio Real y el Teatro Real, cansarme en Argüelles.

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Echo de menos todos los planes que nunca sucedieron porque no tenía ganas. Cuando crees que tienes toda la vida, empiezas posponiendo con el “anda que no habrá días para quedar” hasta que se acaban. Echo de menos las citas a ciegas en grupo con ella. Echo de menos ser sorprendida con llamadas improvisadas a mi telefonillo. Pasar una noche en vela viendo películas, o hablando, o analizando el rumbo de nuestras vidas.

Better a devil you know than a devil you don’t #goodmorning #madrid

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Echo de menos el sentimiento de pertenencia, porque aquí no es fácil encajar cuando las diferencias culturales son tan abismales. Echo de menos poder decir lo que pienso sin que me malinterpreten. Agota tener que repasar mentalmente todo lo que quiero decir antes de decirlo. Y frustra querer decir algo y no encontrar las palabras para hacerlo. Guardarte el comentario para ti porque no sabes por dónde empezar a explicarte. Echo de menos no sentirme así, la seguridad de tener el control no solo de lo que pienso, sino de lo que digo y de cómo lo digo. Echo de menos que todo sea sencillo, no tener que pensar demasiado para conseguir lo que quiero. Echo de menos ir por la vía fácil.

Aún con todo, no me arrepiento de la decisión que tomé tiempo atrás. Porque para encontrarte a veces tienes que perderte. Y perder lo que tienes para saber lo afortunado que eres. Madrid no se moverá de donde está.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

4 Comentarios

  • Pedro Fabelo

    En ocasiones, las ciudades donde nacimos y crecimos se convierten en entrañables compañeros de vida, de esos que siempre están ahí cuando los necesitas y que nunca te reprochan que los abandones o los dejes de lado, temporal o definitivamente, para flirtear con otras ciudades. Son amigos generosos. O quizás, más sabios de lo que uno piensa. Porque, sin que hayas sido consciente de ello, hace tiempo te inocularon el poderoso veneno de la pertenencia, y sabedores de que tarde o temprano ese veneno causará efecto en ti, te dejan a tu libre albedrío, conscientes de que un día los echarás tanto de menos que serán más fuertes tus ganas de reencontrate con ese amigo que seguir perdido por esos mundos de Dios -o del Diablo, vete tú a saber-.
    Echar de menos lugares, gentes, sensaciones o rutinas, es buen síntoma. Significa que el veneno de pertenencia aún no ha sido neutralizado del todo. En algún remoto lugar de tu ser hay una parte de ti que pugna por volver, por regresar a tus raíces, al lugar donde alguna vez fuiste feliz.
    Por cierto, las fotos que acompañan este post tuyo son magníficas. ¿Son tuyas?

    Un beso.

    • Perla

      Gracias por tu comentario y reflexión, Pedro. Está bien echar de menos para saber valorar lo que se tiene. Aunque no tengo intención de volver, de momento 🙂

      Sí, las fotos son mías, sacadas con el móvil, por cierto.

      Un beso

  • Elena

    Suelo leerte y compartir casi todo lo que escribes, pero nunca había dejado un comentario. Este post me ha hecho poner la piel de gallina, porque sé muy bien como te sientes. No cambiamos (normalmente) donde estamos en este momento, pero mirar lo bonita que es tu ciudad, su gente y los tuyos, es algo que es imposible no echar de menos. Vale la pena vivir lo vivido, pero el corazón siempre estrá en casa.

    • Perla

      Muchas gracias por pasarte y dejar tu comentario, Elena.

      Es increíble la cantidad de gente que nos hemos ido y cómo todos conectamos de la misma forma en cuanto a nostalgia.

      Espero que estés donde estés y aunque eches de menos, seas feliz.

      Un beso

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