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Mi destino favorito

Verás, tú, yo, todos somos destinos, y por eso tantas visitas a lo largo de nuestra vida.

Para la mayoría, solo somos un paso previo en su viaje, una parada para repostar, un aeropuerto de transición, un punto entre donde están y donde quieren llegar. Y cuando se han ido, no puedes asegurar al 100% si estuvieron siquiera.

Para algunos, somos un resort «todo incluido», un destino turístico, una excusa para gastar nuestro dinero, una distracción para nuestra mente, un lugar para divertirnos.

Y para unos pocos, somos casa, un lugar seguro y sagrado donde relajarse, no hacer nada, desconectar de todo y todos, y tan solo respirar. Un lugar donde poder ser tú mismo sin objetivos, expectativas o planes que cumplir.

Él pertenece a este último grupo. Déjame que te hable de mi destino favorito.

No es mi novio, nunca fue mi pareja, o un entretenimiento casual. No es una fantasía, ni un amorío del pasado. No es ficción, no es sueño y dentro de poco dejará de ser realidad. Es una de las pocas personas que se cruzan por tu vida como si siempre hubieran estado ahí, esperando a que los encontraras.

Me encanta su sentido del humor y su picardía, su mano jugando con la pinza de mi pelo, sus intensos ojos azules. Me encanta levantar la vista hacia la cinta de correr y verle allí, poniendo a raya a esa voz interior que siempre dice no. Esa manía suya de descansar su mano sobre su pecho al andar siempre me saca una sonrisa, o su obsesión por escoger el vaso más grande. Me encantan las conversaciones entre la calculadora y él. Me encanta esa habilidad suya por hacer de todo algo sencillo.

Me encanta todo lo que le hace ser él, incluso esas respuestas cortantes para mantenernos en nuestro límite, porque es una de esas personas que nunca pasan. Es la prueba de que aquello de que hay «ciertos seres humanos que irradian buenas vibraciones sin esfuerzo» no es un mito. Existe. Su energía positiva me abraza cuando menos me lo espero. Me siento a salvo sabiendo que puedo contar con su ayuda, su apoyo y su conversación. Y eso le convierte en mi lugar seguro.

Es la calma de la tormenta que en ocasiones puede llegar a ser nuestra rutina. Su mesa es mi rincón por excelencia, mi refugio donde tan solo respirar y ser, parar un poco, y darme cuenta de que no es tan urgente, no es para tanto. Puede esperar. Y es curioso, porque no he necesitado forzarle, llamarle, arrastrarle conmigo, invitarle o llamar su atención para absorber su buen rollo.

«Solo déjalo ir, no hagas nada. No busques consuelo en el pasado, porque es un nostálgico compañero que te dará una palmadita en el hombro y te dejará tirada. A veces las cosas se solucionan por sí solas. A veces lo que parece un adiós es tan solo un hasta luego.»

Es mi destino favorito.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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