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Miénteme

Miénteme un poco, anda. El mundo se sostiene gracias a, entre otras cosas, mentiras. Mentiras piadosas, mentiras menos consideradas, mentiras importantes, breves, mentiras tontas, bromas. La mentira está infravalorada y a pesar de los cuatro valientes que vagamos por este mundo soltando verdades, el resto del mundo hace su esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del planeta. Con mentiras, claro.

Yo lo tengo claro, no me ando con remilgos. No quiero que me digas mis verdades, las tengo más que sabidas. Quiero que te acerques a mí, que me mires fijamente y, mientras cruzas tus dedos tras tu espalda, me digas que soy la mujer más inteligente y brillante que has conocido, que mi sonrisa ilumina el sol, que la luna no puede competir contra mis ojos, que mi gran personalidad deja anonadado a cualquiera, que mis defectos tan solo son trazos creados con intención, como si de una obra de arte me tratara.

Dime que mis lunares no son sino pautas a seguir para no perderte en el camino y que mis cambios de humor tan solo son una tapadera para no ser confundida con una princesa. Dime que tendré días llenos de sonrisas, de luz, de alegría, y que cuando sea viejecita, arrugas de felicidad surcarán mi rostro contando mi historia. Dime que seré feliz y comeré perdices.

Miénteme y dime que soy todo lo que buscabas en esa persona. Que no, que mis prontos solo demuestran la autenticidad de mi presente. Que los errores en vivo no podrían ser si no tuviera espontaneidad. Y es mejor improvisar que triunfar según lo planeado.

Miénteme una vez más. Dime que ya no te acuerdas de ella cada vez que me ves. Que no te sientes culpable cuando me besas. Que no hay nadie más, que no habrá nadie más.

Olvídate de Pepito Grillo por unos instantes y hazme la mujer más feliz del mundo.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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