pretéritos
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Pretéritos

Pretéritos.

Esos perfectos desconocidos
que nunca muestran su verdadero rostro,
ocultos como están tras la pesada carga
que llevo sobre mi espalda.

A cada paso que doy,
siento que el suelo resbala,
moja y hunde la determinación
de un nuevo despertar de siete horas y cuarto,
para volver a hundirme en el fangoso
mundo en blanco y negro.

Flashback.

No hace falta mirar atrás.
Veo la cara del pasado en el reflejo
de todos los cristales, en las puertas del metro,
en la esquina de los tornos, en las escaleras
que me despiertan la sangre.

Ahora sería un buen momento para conocerte,
darte dos besos y preguntarte si vas a quedarte.
En mi vida. Vida. Mía.

Lo desconocido desconcierta,
pero la confianza da asco,
y no estoy para derrochar muecas.

Paso por delante de la misma panadería todos los días. Los mismos pasteles coloridos, a veces a medio terminar. Otras veces con ganas de romper la primera dieta del día. Y todavía no le encuentro el sentido a la palabra rutina. Que alguien me busque la tranquilidad de los rostros conocidos, porque no la encuentro ni en los días más nublados. Hoy ha sido ayer, vestido de un nuevo día.

Vivo en el pasado y ni me doy cuenta, confiando en un calendario que hace tiempo para no perder la cuenta. He perdido mucho entre ayer y hoy. Ayer olía a verano. Hoy me levanté en primavera y a punto estoy de mandar a la mierda a este invierno que ha llegado avisando sin avistar que, otra vez, trae consigo al pretérito. Que el sol no te engañe.

A veces tengo la impresión de que vivo una vida en círculos. Sé a dónde voy pero nunca llego. Vuelvo a la salida, una y otra vez, con el mismo mapa caducado, nueva fachada, bolso diferente, esperando que alguien me pase el relevo para salvarme de tanto desarrollo y llegar al desenlace. El hoy ya no es lo que era.

Recortes pegados con prisas borran el rastro de las flores y me obligan a interpretar de nuevo en aquella obra que tanto éxito tuvo, allá por diciembre. ¿Enero? Qué más da. De escenario en escenario, cambia el decorado pero el papel sigue siendo el mismo.

Dame el más mínimo cambio
para volver a creer en un futuro
con salida de emergencia.
Porque si no encuentro la puerta grande,
me conformo con la ventana de tu habitación.
Pero muéstrame el camino,
no dejes que mi ayer nos estropee el mañana.
Pinta igual, pero en compañía
se finge mucho mejor.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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