prohibidos
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Porque seguimos prohibidos

Siempre encontrábamos la manera de alinear nuestros orgasmos mentales. Siempre dábamos con la historia perfecta que nos pusiera en escenario para liberar todo lo que el mundo no debería conocer. Porque seguimos prohibidos. En mis valores, en tus creencias, en este mundo. No están preparados para conocernos porque yo misma no estaba lista para aceptar algo que no podía ser. No es. No somos. Fuimos. Unicornio y Supernova.

Solo quedan muchas preguntas, muchas películas, muchas canciones y dos vídeos que demuestran que las lágrimas fueron reales. Y las heridas. Y cada letra que grabaste a fuego sobre mi piel durante más de dos años, que se dice pronto. Éramos lo único con sentido entre tanta incertidumbre.

Dónde está ahora esa chica que se quería casi tanto como a ti. Segura de sí misma, desmontándote en cuestión de segundos e inventando desayunos sobre la piel de tu espalda. Bailar entre dos vidas paralelas solo hizo que nos inclináramos por la decisión más conveniente a largo plazo. Y ahora que ya no creo en cuentos de hadas, me doy cuenta de que perdí más que la inspiración cuando tú y yo nos fuimos de aquella bañera.

Solo tú fuiste capaz de enseñarme a confiar a ciegas. Quién necesitaba imagen con nuestras mil palabras. Yo, al parecer. Te dejé porque quería usar mis ojos y mis manos. Ser feliz sin riesgos no parecía suficiente. Necesitaba sentir al tacto. Quería quemarme con todas las consecuencias, y lo hice. Vaya si lo hice. Preparaste lo mejor de mí para que otro lo usara y tirara cuando ya no había «sorpresa» Echémosle la culpa a la ambición, que inconformismo suena feo.

La realidad, las lecciones y la falta de mordiscos me han perdido aquella chica que paralizaba por defecto y creaba poemas con tu aliento y nada más. No necesitábamos nada más. Solo un 15, un 2, un 7 y hambre. Cómo decirte que echo de menos estimularnos a letras, follarnos la mente y querernos por capítulos. Los que se inventaron eso de «comernos a versos» claramente no nos conocen. Tú y yo éramos poesía pura. Jamás había estado tan inspirada como cuando tu boca era mía. Y tus miedos. Y tu incansable deseo por arrebatarme los complejos y hacer de ellos un talento mejor.

Soñar nunca había sido tan gratis, pero los imposibles acrecentaron los «ausencia de» y las dudas infinitas. El mundo real acabó por destrozar todo en lo que creímos una vez. Nuestra historia se redujo a un historial. Cualquiera podía borrarnos con un solo click. Porque seguimos prohibidos. El momento X, lo llamo.

A dónde han ido a parar todos nuestros sentimientos, las noches en vela, las ojeras por adicción, los nudos en el estómago por causas inventadas, los buenos días bañados en sudor. No puedo decirte cuánto nos echo de menos, porque seguimos prohibidos. Echo de menos las canciones, las escenas, sufrir por algo real, verme en otros ojos, poder ser inspiración y artista, y cualquier otra locura. Sentirme vulnerable y querer más, siempre más. Porque ya no me queda nada en la despensa.

La felicidad se encuentra en lo impensable, y cuando la sientes, es imposible volver al escudo. Una vez lloras por algo real, sabes que no volverás a sanar con dos copas de más y un “aquí me bajo” Cuántas vidas hemos vivido en una sola.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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