Archivo,  Introspección

Random II

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Debería pensarte menos y hacerme más. Pero quién tenga tiempo que tire la primera piedra. La que sea, no me importa. Porque seguir tropezándome con la misma es ya insulto, y esta maldita lección que no me entra.

Me sudas mucho la cabeza. Y no deberías. Porque tu indiferencia se resbala por esta incertidumbre mía, tan amarga, tan bonita cuando la mezclas con las ganas del nuevo comienzo. Tan jodidamente difícil de digerir cuando sale el sol, la niebla, el frío y las puertas sin llave.

Andar por las calles de Glasgow deseando encontrarte no dice mucho de mí. Colocarme la capucha de tal forma que pueda ver todas las caras que se cruzan, buscando la tuya, no puede ser buena señal. ¿Y luego qué? Tenía la absurda idea de que si volvías a verme, recordarías por qué no quisiste que me fuera.

No. Sí, te lo digo a ti. No acepto un “no te entiendo” por respuesta. Existe un maravilloso invento llamado ganas y que, si lo usas, de repente todo parece más sencillo, más llevadero y hasta menos terrorífico. Pero es más fácil sudarme la cabeza con un freno de mano y esquina, ¿o era de saldo y espina? No has empezado a caducar y ya me estás cansando.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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