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    El sexismo y yo

    Cuando era niña, mi grupo de amigos con el que pasaba horas y horas era todo chicos. Y estaba bien. Se sentía bien. Jugábamos al fútbol, construíamos cabañas sobre árboles, pasábamos horas jugando a videojuegos, viendo películas de acción. Divirtiéndonos. Pasaba de hacer los deberes. Pasaba de las barbies. Los tíos no existían para mí salvo ellos. Por aquel entonces me llamaban marimacho o conocido comúnmente ahora como Tomboy.

  • evan rachel wood
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    21st Century Woman [Sin Filtros]

    Think what it is like to feel attraction, desire, affection towards others, to want to tell them about yourself, to feel that assumption on which self-respect is based, that you are worth something, and that if you like someone, surely he will be pleased to know that. To be, in other words, still a living woman, and to be told that every day that you are not a woman but a tired object that should disappear. That you are not a person but a joke. (Zoe Moss)

    [Versión española abajo]

  • Notas

    237

    Carta a quién corresponda:

    Hoy quiero hablar de mí, de mis ganas por luchar contra las desigualdades de las mujeres, y reivindicar nuestro derecho por ser tanto como los hombres. No más que ellos. Iguales. Con eso es más que suficiente. Por eso no entiendo cómo vamos a lograr la igualdad criticando los Clásicos Disney. ¿Son ellos ahora los culpables del machismo? ¿De verdad ver Cenicienta ha afectado tanto a las niñas? 

    Que yo sepa, he visto esa película cientos de veces, y ni me considero una ama de casa, ni creo que para tener los favores de un príncipe debo mínimamente “aparentar ser” una princesa. Es más. Soy feminista. Y me encanta La Bella y la Bestia. Me encanta Cenicienta, y me gusta sentirme protegida. No porque sea más débil que el hombre, sino porque ser siempre fuerte cansa, y yo también necesito un respiro de vez en cuando.

    Las películas Disney no son el enemigo de la mujer. No mientras los niños sepan cómo interpretarlas. Y esa interpretación reside en la educación que hayan recibido. Los valores que aprenden en casa. Son los padres, y no los ilustradores, los que tienen que inculcar la igualdad de género, para que las futuras generaciones puedan discernir entre una película y la realidad. Las películas Disney son, quizás, los largometrajes más inocentes y menos dañinos que se encontrarán a lo largo de sus vidas. No sirve de nada ponerles en contra de Cenicienta, cuando habrá mil películas más mucho peores. En mi opinión, hay que enseñarles a interpretar las películas como lo que son: entretenimiento. Y ellos, por sí mismos, ya se encargarán de discernir entre lo correcto y lo injusto.

  • Notas

    212

    A ver si me entiendes. Que soy feminista pero quiero a un hombre como los de antes, un caballero que me proteja. No porque necesite ser protegida. Tampoco porque sea el sexo débil y no me valga por mi misma. Justamente busco a esa persona que me proteja porque ya estoy cansada de luchar sola, y yo también merezco un descanso de vez en cuando.

    Soy feminista porque busco la libertad entre hombre y mujer en todas aquellas diferencias que no son justas, que no tienen fundamento y que nos infravaloran solo por el género. Pero quiero a un hombre que me trate como a una dama y no como a una mujer autosuficiente, aunque lo sea. No quiero la frialdad de aquel que sabe valerse solo, no quiero la indiferencia del que afirma que “bah, ella es fuerte, no tengo que preocuparme” No quiero ocultar mis lágrimas para parecer más fuerte, ni quiero tener que pagarle yo todas las comidas para demostrar que estamos en igualdad de condiciones. Quiero romanticismo. Quiero años 50. Quiero vivir en el mundo de Billy Wilder.

    Quiero hombres como los de antes. Quiero equilibrio. Quiero.