• Notas

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    Carta a quién corresponda:

    Hoy quiero hablar de mí, de mis ganas por luchar contra las desigualdades de las mujeres, y reivindicar nuestro derecho por ser tanto como los hombres. No más que ellos. Iguales. Con eso es más que suficiente. Por eso no entiendo cómo vamos a lograr la igualdad criticando los Clásicos Disney. ¿Son ellos ahora los culpables del machismo? ¿De verdad ver Cenicienta ha afectado tanto a las niñas? 

    Que yo sepa, he visto esa película cientos de veces, y ni me considero una ama de casa, ni creo que para tener los favores de un príncipe debo mínimamente “aparentar ser” una princesa. Es más. Soy feminista. Y me encanta La Bella y la Bestia. Me encanta Cenicienta, y me gusta sentirme protegida. No porque sea más débil que el hombre, sino porque ser siempre fuerte cansa, y yo también necesito un respiro de vez en cuando.

    Las películas Disney no son el enemigo de la mujer. No mientras los niños sepan cómo interpretarlas. Y esa interpretación reside en la educación que hayan recibido. Los valores que aprenden en casa. Son los padres, y no los ilustradores, los que tienen que inculcar la igualdad de género, para que las futuras generaciones puedan discernir entre una película y la realidad. Las películas Disney son, quizás, los largometrajes más inocentes y menos dañinos que se encontrarán a lo largo de sus vidas. No sirve de nada ponerles en contra de Cenicienta, cuando habrá mil películas más mucho peores. En mi opinión, hay que enseñarles a interpretar las películas como lo que son: entretenimiento. Y ellos, por sí mismos, ya se encargarán de discernir entre lo correcto y lo injusto.