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    Archivo,  Edinburgh

    Los que nos fuimos

    Son las tres de la mañana y no puedo dormir. Me espera un día duro mañana entre el trabajo y citas médicas, pero aquí estoy, riéndome a carcajada limpia con los vídeos de El Rubius. Hacía mucho tiempo que no me pasaba por su canal de Youtube, y no sé exactamente qué me ha hecho buscar su nombre. Y es ahora, al ver las calles de Madrid en uno de sus vídeos, con el sol dándole de frente, el Parque del Retiro de fondo y los comentarios de la gente al pasar, cuando la nostalgia me abre los ojos. Echo de menos Madrid. Llevo sabiéndolo desde que cogí aquel avión. Pero El Rubius me ha hecho ser consciente de ello, por muy ridículo que suene. Gracias, Rubius.

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    Archivo,  Introspección

    Curiosidad y nostalgia

    Curiosidad mató a nostalgia. Y la nostalgia me ha matado a mí. No tengo respuesta para este torrente de emociones que arrasa conmigo cuando le viene en gana. Tampoco me he parado a pensar en todo lo que dejé atrás. O en las cosas que tuve garantizadas cada día, y que se quedarán en eso, en una garantía. Puede que haya algo peor que intentar aparentar ser duro: intentar aparentar estar bien todo el tiempo.

  • Notas

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    ¿Te acuerdas de cuando solo éramos tú y yo? El mundo tenía mejores cosas que hacer que estar pendiente de cuál sería nuestra próxima identidad secreta. Echo de menos ser nosotros en una barca en medio de un mar, en medio de una playa de Niza. Ojalá tu conciencia no se hubiera cruzado jamás en nuestro camino. Quizás hoy seguiríamos siendo nosotros. Aunque no fuera real, aunque no tuviéramos futuro. Cuando el presente es perfecto, quién se preocupa por el mañana.

    Hundí tu prepotencia en una bañera. Mi mayor logro, tu mayor derrota.

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    ¿Te acuerdas de cuando solo éramos tú y yo? Fresas, champán, una buena manta frente a la chimenea, tu cuerpo, el mío y nada más. Y mientras, el resto del mundo fingía que no existíamos.

    ¿Qué tal si vuelves a mi vida con una nueva aventura, dos identidades sin estrenar y una caja de bombones?

  • Notas

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    De pequeña me gustaban las noches del fin de semana. Me acostaba con los cascos puestos y escuchaba música tranquila de mi walkman o discman hasta que me quedaba dormida. Recuerdo cómo iba bajando el volumen paulatinamente hasta que terminaba por apagarla del todo. No es tan mal método para ahuyentar demonios, después de todo