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    Archivo,  Introspección

    Heridas y venidas

    Heridas y venidas. Por mucho que lo intentes, el pasado se las ingenia para alcanzarte siempre. Y claro, llega un momento en el que te cansas. Te cansas de que la lluvia te desprecie por tu aparente tranquilidad. Te enervas, y explotas junto a ella, con el trueno de los sueños perdidos y las responsabilidades prematuras. Porque ya está bien. 

  • Archivo,  Introspección

    Despropósitos

    No voy a hacer balance de mi año, porque no me salen las cuentas. Pero lo que sí voy a hacer es dar las gracias a todos los que han pasado por mi vida con despropósitos. No por el 2014, sino por años y años de convivencia. Qué menos. En primer lugar, quiero darle las gracias a Risto, por habérsele ocurrido esta maravillosa idea antes que a mí. Empecemos.

  • Notas

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    Nunca se me dieron bien las terceras personas. Puede que por eso mi vida haya discurrido por ríos impersonales e individuales. En qué momento dejas de escuchar con hambre las instrucciones de otros para no morir antes de morir y empiezas a fabricar tus propios consejos. La curiosidad por saber cómo dominar el dolor ahora se queda en nada cuando aprendí que sin él, no estás vivo. Una noche decidí salir de mi aislamiento de papel para ver la vida de otros. Observar qué hacen con su tiempo, qué prioridades tienen sus pies cuando salen a la calle, en qué desgastan sus ojos cuando hay tanto que mirar. Tanto que pisar.

    De no ser porque aquella noche descubrí que las mentiras también pueden hacerse realidad, no le habría dado tanta importancia al paseo nocturno. Allí estaba. Sentado con una pareja de amigos y una chica por pareja con el cartel de “pasado” escrito en la frente. “No, yo quería que fuera feliz con otro, pero decidió ser infeliz conmigo.”

    Me vio pasar y una ráfaga de otoño mojado le caló la seguridad. Sus ojos reflejaron el miedo del que ha dejado una bomba casera a medio construir. Tranquilo, no te levantes. Solo soy el sueño de una noche de verano que llegó antes de estación. Vive tu mentira lo mejor que puedas.

    Muchas cosas sin decir se quedaron colgando de sus labios, luchando por escapar. Su mirada no decía nada, tan solo leía lo que mi expresión le contaba. Que hay que ser muy cabrón para estar a la perfecta altura de su corrección. Que hay que estar muy loca para confiar en él sin dejar un ojo abierto.

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    Archivo,  Introspección

    Cuatro Estaciones

    Lo primero que aprendes cuando caes es que el suelo está más duro de lo que parecía a simple vista. Y en lo primero en que piensas es por qué yo, aquí, y justo ahora. Como si hubiera una buena estación para tropezar. Lo segundo que aprendes es que todas esas capas de autoconfianza y determinación de poco sirven cuando pierdes el equilibrio. Te pilla por sorpresa, y se te cae la fuerza a los pies. Y más abajo aún. Pocas cosas recuerdo con mayor nitidez que el cambio de estaciones entre estaciones. Este verano supone el fin del gran círculo que dibujamos nada más conocernos. Porque no hemos dejado de dar vueltas desde entonces.