veintitantos
Actualidad,  Reflexiones

Mis veintitantos

Llevo ya un año formando parte de los veintitantos y ahora sí. Ya puedo ver con claridad el paso del tiempo y cómo he cambiado. Llevo leyendo artículos sobre el síndrome de los veintitantos como para darme cuenta de que necesitaba ese click en mi mente para entender lo que pasa por ahí mente cuando la magia ocurre.

Por un lado asusta ver cómo los treinta se acercan, pero por otro lado es increíble cómo ha cambiado mi actitud en cuánto a expectativas y decepciones. Y éso no tiene precio. Estaba convencida de que seguía siendo la misma, pero mis acciones al salir de fiesta anoche me han demostrado lo contrario. Qué implican para mi los ventitantos:

  1. Las preocupaciones dan un giro de 360 grados
  2. Ya no te conformas
  3. No tienes tiempo, batería ni datos del móvil para perderlo

1. Sinceramente, me da igual

Una de las ventajas de formar parte del grupo de los veintitantos (que no veintipocos) es que cosas que antes condicionaban tu comportamiento ahora ni siquiera se cruzan por tu mente. Y es un alivio.

Por ejemplo, tras besar a tantas ranas de una noche, ya no me pregunto si me llamarán o soy una de tantas. Ya no me importa que llueva y me pille sin paraguas, que el baño acabe lleno de pelos (cortesía de mis compañeros de piso) o salir a la calle sin maquillar. ¿Que nadie quiere irse de viaje conmigo a Irlanda? Pues voy sola. Es que me da igual. Hasta ahora, tener o no la cara pintarrajeada no me ha convertido mágicamente en una persona mejor. Solo ha conseguido que atraiga a personas que solo buscan versiones mejoradas, por los motivos que sean.

espiritu libre

2. Porque yo lo valgo

Solía ser romántica, como solemos serlo todos cuando tenemos el corazón nuevecito y con ganas de ser estrenado. De hecho una parte de mí (muy pequeña) siempre esperará que el chico mueva un dedo o se preocupe lo más mínimo, aunque sepa que no volverá a verme. ¿Dónde está la magia sino?

Pero cuando pasas por tantas decepciones, la realidad te abre los ojos y pone tus expectativas en perspectiva. Y te hacen ver que tú también existes. Mi sentimiento feminista, por ejemplo, no hizo acto de presencia en mi vida hasta hace dos años. Y ahora es cuando yo empiezo a contar. Ahora es cuando mi opinión se alza sobre las demás. Ahora es cuando empiezo a escucharme.

De hecho, cada vez que tengo una cita (si es que se le puede llamar tal cosa) lo único en que pienso es en cómo me siento, en si el chico me gusta, en qué me apetece hacer y qué no.

Me da igual si no les gusta cómo visto, o si soy demasiado lanzada, o habladora, o sincera. Me niego a ser explotada en el trabajo, o a venderme solo por un sueldo mayor a fin de mes. Porque la vida ya no va de tener, sino de disfrutar. Y eso solo lo he aprendido ahora, tras vivir un año en Edinburgh.

Ya no me preocupo por si les gusto lo suficiente como para que quieran volver a verme. Ni siquiera me pregunto si voy a estar a la altura de las circunstancias. De hecho, cada vez que tengo una cita (si es que se le puede llamar tal cosa) lo único en que pienso es en cómo me siento, en si el chico me gusta, en qué me apetece hacer y qué no.

Si tengo ganas de besarle pero no me veo acostándome con él, ya no me siento obligada a hacerlo (y es duro admitir en voz alta, pero me he dado cuenta de la cantidad de veces que pasa ésto en nuestra juventud, y nadie hace o dice nada al respecto por cambiarlo) Di no. Haz lo que te plazca, disfruta del momento, y que nadie te fuerce a hacer algo que no te apetece.

3. No tengo batería para perderla

No estoy hablando del Pokémon Go (que también se las trae) sino de las conversaciones sin sentido que ocupan la mayor parte de nuestros veintipocos y que, sinceramente, ya está. Ya no más. No tengo tiempo, batería ni datos de móvil para perderlos en tonterías.

Si alguien me tiene que gastar la batería del móvil, seré yo

Anoche, hablando con mi compañera de piso (también en sus veintitantos) tuve un dilema sobre si llamar o no a un chico:

Yo: No quiero acostarme con él. Me gustaría conocerle mejor, aunque sé que se va a ir en dos semanas. Yo qué sé, un té, y estar en la cama tirados viendo una peli, abrazados y haciéndonos «arrumacos»
L: ¿Se lo has dicho?
Yo: No. Ya sabes cómo es. Es el típico tío que no pierde el tiempo en chorradas y se reiría en mi cara. Él no querrá acostarse conmigo.
L: Bueno, ¿y qué es lo que quieres tú?

Pues sí, señoras y señores. Mi tiempo también cuenta. ¿Sabes de esas conversaciones que no van a ninguna parte? Me las salto. Directamente suelto un: mira, chico, pareces muy majo, pero no.

you only live once

Porque no tengo tiempo para juegos, para contar los minutos que tengo que esperar hasta responder un mensaje. No tengo tiempo para pretender algo que no soy o para quedarme sentada esperando a que la vida que siempre soñé caiga del cielo como por arte de magia. No. Ésas cosas no pasan. Si quieres algo, tienes que currártelo. Y yo, a mis veintitantos, sé exactamente lo que quiero. Si alguien me tiene que gastar la batería del móvil, seré yo.

Seas quien seas, no dejes que nadie te diga qué sentir y cómo sentirlo, porque cada persona es un mundo, y cada mundo debería estar moldeado a lo que tú quieres, y no a lo que los demás necesitan o esperan de ti. Y es así, un buen día te levantas con veintitantos, te das cuenta de que te quedan pocos años para locuras puramente egocéntricas (en mi caso, porque quiero ser madre a una cierta edad) y empiezas a escucharte y a satisfacer lo que de verdad necesitas a cada momento.

More at:
Facebook
Tumblr
Google+

Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

3 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *