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Verano

Yo iba camino del campamento, sin otra preocupación que ocuparme de no gastar las pilas del discman. No podía dejar de escuchar aquel CD y nunca se sabía si entre establo y piscina surgía algo que me llevara irremediablemente a aquellos acordes. Porque aunque no quería admitirlo, me sentía sola. Tener que conocer a gente nueva entre cerdos y caballos no parecía el plan más divertido del mundo. O eso creía.

Tú tenías 25 años. Toda la vida por delante, la cabeza llena de ideas y la cartera a rebosar de proyectos a largo plazo. Qué poco puede asustar la estabilidad cuando la ves desde el retrovisor del coche, pidiéndole que te espere ahí, en ese punto de la carretera. Que tú prometes perderte de nuevo para encontrarla.

En coches diferentes, en puntos diferentes y con la mente llena de aspiraciones y miedos distintos. Ahí fue, justo en ese momento, la primera vez que escuché algo relacionado con el mundial de fútbol. Era la final, Alemania – Brasil, y hacía un calor espantoso. Los campos castellanos parecían reflejar el brillo de mi pelo, y Brasil estaba a unos minutos de proclamarse campeón. Por aquel entonces me creé la imagen de un titán amarillo y verde que le gustaba tanto ser el centro de atención que no podía evitar coprotagonizar todas las finales. Y me aburría.

Tú poca importancia le dabas al fútbol. Sí, lo daban por la radio, pero tus planes de verano ocupaban todos tus pensamientos, y tu atención estaba demasiado distraída en no perder de vista el horizonte de árboles anclados a la tierra. Esa tierra de la que querías escapar y por alguna razón te resistías a hacerlo. Algo en tu interior nublaba tu deseo de huir con frases como «me necesitan» «dónde voy a estar mejor que en casa» y otras variantes largoplacistas de excusa incierta. Pero querías irte, y al pisar el acelerador, olvidaste tus cadenas.

El cartel del campamento ya se veía a lo lejos y las despedidas estaban al caer. El griterío de los brasileños asaltó el coche. Tanto, que suspiré y, resignada, acepté gastar las pilas de ese discman que días después echaría en falta. Por aquel entonces no reparé en la tristeza que sentiría en ese momento el perdedor. Tampoco se me pasó por la cabeza la posibilidad de que algunos trenes pasan más de una vez a lo largo de la vida. Y que lo que hoy lamentas, mañana celebras.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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