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Yo antes de ti

Para la mayoría de la gente, el verano empieza con el calor, el calendario o la apertura de las piscinas. Qué poco queda para disfrutar del merecido descanso. Ponte cómodo, que ya están todos aquí: los tintos de verano, los tontos de verano y el olor a crema solar. 

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Como cada año, esperaba que ocurriera algo mágico para inaugurarlo oficialmente. Y como cada año, llegaba septiembre antes de que pudiera darme cuenta, y ni rastro de la sorpresa. Hasta que me cansé de esperar, y me inventé mi propia ceremonia de apertura: Yo antes de ti. O mejor dicho, Me Before You. Porque seguramente lo haya dicho ya hasta la saciedad, pero es una verdad tan grande que no puedo dejar de repetirla: hay libros que te cambian la vida.

Hace tres años, haciendo tiempo en una tienda de Relay de aeropuerto, di con un libro que me llamó especialmente la atención. En aquel momento no sabía que aquel inocente ejemplar cambiaría mis veranos. Es una manía que tengo, buscar más y más libros cuando aún no me he leído los que compré la última vez. La sección de habla inglesa es mi debilidad. No fue difícil captar mi atención.

De los veinte libros que se esparcían por la sección inglesa de la tienda, éste destacaba entre los negros volúmenes de S.L. James y Megan Maxwell. Lo cogí nada más verlo. «Me before you» decía el título. De color cartón y letras rosas y blancas, no parecía ser el bestseller del año. Un reto.

Observé la contraportada para enterarme un poco de qué iba todo aquello, pero no llegué muy lejos. Me esperaban para embarcar. Tras oír el aviso de los altavoces, fui directa a caja, y compré el libro sin haberme leído el argumento. Otro reto. El vuelo Madrid – Tenerife suele durar entre dos horas y media y tres horas. No ocurre lo mismo a la vuelta, que además de hacerse más corto, es en realidad más breve, porque viajas en dirección a la rotación de la Tierra.

El libro permaneció sin estrenar lo que tardé en devorarlo: una hora y cuarenta y cinco minutos. Me sobró una hora en el avión, sin hacer nada salvo escuchar música. Nada más terminarlo, y aún con lágrimas en los ojos, decidí que no sería el final. Con historias tan profundas, intensas e inspiradoras como aquella, no deberían existir los finales.

“Solo tienes una vida. Es tu obligación vivirla al máximo posible. Empújate, lánzate, no te acomodes. Vive bien. Vive.»

Me lo volví a leer esa misma noche, cómodamente, a la luz de la lamparita del salón, mientras escuchaba el ventilador natural que zarandeaba las palmeras. Cómo me gusta la brisa africana. Desde entonces y hasta ahora, lo leo cada año, mínimamente una vez, para recordarme que sí, que los finales existen, pero no todos escapan a mi control.

No era un bestseller; cuando lo compré, nadie de mi entorno sabía de su existencia. Ni siquiera un año después había tenido notoriedad. A los dos años, ya lo vi en español. Me emocionó y asustó a partes iguales. No quería que fuera un libro comercial más. No quería que se convirtiera en un «más vendido» o que la encasillaran en una «típica novela para» El libro ya era tan mío que me sentó como una patada en el estómago verlo ahora en todas las estanterías de todas las grandes librerías. Sentía que me estaban robando mi verano. Me estaban robando algo que hasta entonces era de unos pocos. Me estaban robando algo personal.

«Hey, Clark» – dijo él. «Cuéntame una historia» […] Le narré una historia sobre dos personas. Dos personas que no tenían que haberse conocido y que no se gustaron demasiado cuando ocurrió. Pero que a pesar de ello, descubrieron que eran las únicas dos personas en este mundo que podían entenderse a la perfección. También le conté las aventuras que tuvieron, los lugares a los que fueron y las cosas que no esperaban conocer. Me inventé para él cielos eléctricos y mares iridiscentes, tardes llenas de risas y chistes absurdos. Dibujé un mundo solo para él, un mundo en el que todavía era la persona que quería ser.

Y lo que más temí sucedió. Imagínate la cara que se me quedó al enterarme de que estaban rodando la película. No sé si será peor vivir con la curiosidad por saber qué tal la adaptaron a la gran pantalla, o arriesgarme a que me estropeen una de las historias más bonitas que he leído. Algo que, irremediablemente, iría acompañado de un sentimiento de frustración y furia que no sé si quiero alentar. Tampoco hay necesidad de forzar, ¿verdad?

Si alguna vez te encuentras con un libro que, nada más terminarlo, ya quieres empezártelo de nuevo, guárdalo como si fuera un tesoro. Porque no es algo que suceda habitualmente. Desde Me before you, solo me ha vuelto a pasar una vez. Ésas son las historias que me llevaría conmigo si tuviera que dejar todo atrás.

Seguramente vaya a ser una de las películas más taquilleras, y seguramente el público que más la vea sean adolescentes. Pero siempre recordaré aquel momento en que distinguí a lo lejos, entre libros de color negro, aquella portada color cartón que no decía nada, no pedía nada, y no pretendía ser nada más de lo que era. Y acabó convirtiéndose en el inicio de mis veranos.

Este verano

Todavía no me he leído «Me before you» así que técnicamente aún no ha empezado mi verano, pero está al caer. Y ya hay ganas de estrenar los dos libros que me esperarán sobre la toalla:

la vida es una verbena

1. La vida es una verbena: últimamente ya no soy muy de comprar libros, por éso de que ya no tengo sitio en mi biblioteca. Pero ahora se han puesto de moda (sobre todo entre las féminas) las novelas gráficas con un toque de humor, de amor y de la sociedad que nos rodea. Entre tanta oferta, no sabía por cual decantarme, pero tenía claro que yo también quería mi ejemplar. Fue este fin de semana cuando, en una caseta de la Feria del Libro, este libro me encontró a mí. Y no solo él, sino su autora, que además estaba allí firmando. Y yo sin saberlo. Menos mal que lo primero que dije en voz alta fue «qué pasada de libro» Pero sin duda, me quedo con ella, Lucía Be. Simpática, cercana y amable.

2. El nota (the dude) y el maestro zen: solo con ver a Jeff Bridges en la portada fue suficiente para querer quedármelo. No lo había visto antes, en ninguna parte. Y recordar el personaje The Dude, del Gran Lebowski, me trajo la sonrisa de quien ha encontrado un libro especial. ¡Si él solo quería a su alfombra de vuelta! El hombre de la caseta me explicó que se trataba de una introducción al zen y al budismo a través del personaje del Gran Lebowski, y el especialista Bernie Glassman. Ambos convivieron durante dos semanas, y reflexionaron sobre…bueno, sobre la vida. Más mío y llevaría mi nombre.


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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

2 Comentarios

  • Pedro Fabelo

    Hola, Perla. Absolutamente cierto: hay libros que te cambian la vida. Y si no te la cambian sí que te ayudan a verlo todo de otra manera, o a superar ciertos tramos especialmente complicados de tu existencia. Lo sé porque a mí me ha pasado, y puedo dar fe de ello. Entiendo que haya personas a las que les cueste creer que algo así les pueda suceder. Supongo que ésta es de ese tipo de experiencias que sólo la pueden entender quienes la han vivido en primera persona, y que en modo alguno es un sentimiento extrapolable por lo complicado que resulta de transmitir por medio de la palabra. En cierto modo es un fenómeno parecido al que ocurre cuando asocias un determinado olor o un determinado sabor a un lugar y un momento concretos de tu vida, y que con sólo rememorarlos consiguen retrotraerte a ese lugar y momento específicos. Doy por hecho que los científicos tendrán un nombre y una explicación a ese fenómeno, pero yo prefiero llamarlo «magia». Lo siento por el Punset de turno, pero hay misterios que deseo que no me sean desvelados. Tanto, que prefiero seguir engañándome a mí mismo pensando que ese fenómeno carece de explicación lógica y racional. ¡Al diablo con la lógica y el raciocinio! En casos como este prefiero mil veces el misterioso encanto de lo inexplicable. 🙂

    No he leído el libro que comentas de Jojo Moyes. Y por respeto hacia ti no sé si debería leerlo, ya que considero que es «tu» libro. Pero lo que sí haré será lo siguiente: si por lo que sea consigo hacerme con él y leerlo, no te lo diré jamás. Prefiero que sigas pensando que ese libro fue escrito para unos pocos elegidos, y entre esos pocos elegidos estabas tú. ¿Ves? Si al final voy a ser hasta una buena persona y todo. 😉

    En cuanto a las preguntas que planteas al final de tu post de hoy, dado que apenas nos conocemos me da un poco de palo recomendarte algún libro. En mi caso siempre depende del momento vital en el que me encuentre. De repente me da por leer novela histórica, o algún clásico, o releer alguno de esos libros de humor absurdo que tanto me gustan; así que todo depende de lo que desee leer en el momento de ponerme a ello. Lo que sí te diré es el título del libro que cambió mi vida por completo: «Cuentos sin plumas» de Woody Allen. Es, sin lugar a dudas, el libro que más veces he leído en toda mi vida. Tantas, que no me atrevo a dar una cifra exacta. Si te va el humor absurdo, pruébalo y me dices.

    Un abrazo, Perla. Y disculpa el discurso. 😛

    • Perla

      Hola, Pedro!

      Es una historia muy sentimental, tirando a moñas incluso, para qué engañarte. Tampoco es una novela para partirse la caja, así que puede que no te convenza mucho.
      Yo tampoco sé cómo explicar todo lo que ese libro significa para mí o me remueve; de hecho, este post no llega a ser ni la mitad de lo que tenía en mente. En mi cabeza sonaba todo mucho más intenso y apasionado. Pero bueno, mejor así, no vaya a ser que encima popularice aún más el libro, y la liemos.

      Pues gracias por la recomendación, me la apunto! Se me están acumulando!

      Gracias por pasarte 🙂

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