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Archivo,  Introspección

Yo antes de

Dicen que no tengo sentimientos. Que soy una chica dura. Que estoy hecha de acero. Me controlo en público. Trato de ser fuerte. Me alejo de todas las decisiones que impliquen incertidumbre cuando me olvido de reponer los planes B. Pero un libro es capaz de hacerme llorar. Una película es capaz de dejarme por los suelos. El llanto de una niña hambrienta me rompe lo políticamente correcto. Lo crea el mundo o no, siento muy adentro. Ante todo, soy persona. Yo antes de mí.

La película ha acabado pero yo no. No sé cómo parar el torrente de lágrimas. Hacía tanto que no lloraba que mi alma necesita sentirse vulnerable de nuevo. Para vivir lo que realmente merece la pena, tienes que mojarte. De felicidad, dolor o tristeza. Pero tienes que mojarte. Y aquí estoy, predicando el ejemplo, empapando mis mejillas de un concepto abstracto que ni yo entiendo.

No sé cómo decirte que el yo que conocías ha muerto. Ya no existe. No ha habido entierro, ni funeral. No hay lápida que constate que la soñadora una vez existió. No hay despedida. Te presento a mi yo antes de mí. Solo yo soy capaz de encontrar las siete diferencias cuando trato de unir mis puntos frente al espejo. Solo yo veo el paso del miedo surcando las líneas de expresión, las preocupaciones, las responsabilidades, la falta de ganas, las decepciones y el pesimismo de quien vive a prisas porque no quiere degustar el final.

Nadie parece haberse dado cuenta, y no seré yo quien les informe. Solo ven en mí a la versión que quieren ver, la que recuerdan, la que creen que soy, ¿la que esperan que sea? La egoísta, la que huyó, la indecisa, la noble, la mejor amiga que podrías tener, la psicóloga, la que no escucha, la impulsiva, la genuina, la espontánea, la que siempre se equivoca, la «crazy spaniard» Soy tantas personas y a la vez ninguna. No tienen ni idea de quién soy en realidad. No tengo ni idea de quién soy en realidad.

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Desear un pasado diferente solo hace que malgaste mi presente. Cuando no puedo más, cada segundo que pasa es una nueva oportunidad para ponerme del revés. Y me encanta buscar culpables porque me cansa reconocer una y otra vez que está dentro de mí. A veces no está de más dejar caer el peso de la culpa al suelo y que otro lo recoja. Luego pienso en lo absurdo de ser víctima de mi propia vida en lugar de ser la heroína de mi cuento de nadas. Qué tontería, ¿no?

Mi mente es mi campo de batalla. Las peores guerras están por llegar, pero que esperen, por favor, que aún estoy recogiendo todas las cosas que creí que pasarían y se quedaron en nada. Soy lo que pienso. Pienso, luego existo. Existo sin saber por qué, porque no sé quien soy. Pero soy, pienso y existo a mil maneras. Estar vivo es suficiente, dicen. Estar sano es suficiente, dicen. Estoy de acuerdo, pero no me ofrezcas buffet si nos vamos a quedar con hambre.

Seguiré creando cosas pequeñas que antes no existían mientras acumulo otras cosas que pensé que existirían en mi vida y no hay manera de inventarlas. Y sigo sin querer hablar, porque para qué si nadie escucha. Nadie quiere dar su tiempo a cambio de quebraderos de cabeza, o callejones sin salida, o mil puzzles sin acabar. Porque quién tiene tiempo para colocar las piezas, o buscar las que faltan, o leer las instrucciones. Sigo sin querer escribir, porque quién tiene tiempo para leer lo que otros han vivido, o han querido vivir, o han soñado, o han volado bajo el agua.

Quién tiene tiempo para encontrarse a través de otros ojos que no buscan nada más que un poco de atención, silencio y posteridad modesta. Que entre tú y yo, te quedas con ésto, con un trocito de mí que no quiero que me devuelvas. Es gratis. No, miento. Dame tu tiempo, a cambio. Solo éso.

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Dame tiempo para contarte que puedo sentir el aire helándome la garganta al respirar. Puedo sentir el té abrasando todo a su paso al tragar.

Dame tu tiempo para explicarte que puedo sentir algunas acciones involuntarias que mi cuerpo realiza cada día. Que es más fácil de lo que todos creíamos. Solo necesito estar enferma para ello y conseguirlo es realmente sencillo. Solo hay que olvidarse de las consecuencias. Salir a correr a medio primavera. Trabajar a 18 grados artificiales durante 8 horas diarias. Nadar en una piscina pública.

¿Acaso voy anestesiada por la vida cuando estoy sana? No puedo sentir cómo fluye la sangre por mis venas. No siento cómo mis pulmones absorben el aire para repartirlo por todas partes. Dicen que no tengo sentimientos. Que soy una chica dura. Que estoy hecha de acero. ¿Lo estoy?

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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