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Zonas de confort

En un solo día he leído o escuchado algo acerca de las zonas de confort. ¿Será una señal?

Hace unos días, puede que semanas, estaba debatiendo ésto mismo con una persona. ¿Por qué abandonar mi zona de confort, arriesgándome a perder todo lo bueno conocido, por algo que no sé si me deparará lágrimas o sonrisas? Ahora lo sé. ¿Cómo hemos llegado a las zonas de confort? Arriesgándonos. Cómo sé que el pescado no me gusta. Porque un día decidí probarlo, y definirme un poco más a mí misma. Atreverme a saborear nuevos olores. A oler nuevos paraísos; perderme por historias que no son mías. Leer libros que podrían cambiarme la vida. ¿Cómo no me di cuenta antes?

Hay todo un mundo fuera, esperando ser descubierto por mis ojos. Hay muchas cosas que merecen nuestro amor, y no solo una persona, o dos. Nos comemos la cabeza por relaciones que fracasaron, por dolores y sufrimientos que llevan nuestro nombre. Y no aprendemos a perdonarnos. Cargamos con nuestras culpas año tras año, como piedras pesadas a nuestras espaldas, y olvidamos qué es la felicidad.

La felicidad no es tener un coche mejor o peor, ni tener el trabajo de tus sueños. Ni formar una familia. Ni siquiera es perder esos kilos que nos sobran.

La felicidad es un donut entre semana después de dos meses esforzándote por mantener la dieta a raya.

La felicidad es un cappuccino después de comer, caliente entre manos frías por inviernos disfrazados de noviembre.

La felicidad es salir de una clase de Body Combat, o de Zumba, agotada, con las ideas dispersas, la energía gastada y una paz interior que te deja pensar en cualquier cosa, menos en tus problemas.
La felicidad es coger a tu madre de la mano, y arrastrarla por calles. O pasillos de un Ikea.
La felicidad es dormir diez minutos más cada mañana y correr como una posesa detrás del autobús. Y cogerlo. Sonreír, y pensar que ha merecido la pena tener el desayuno en la garganta y el aliento por los suelos.
La felicidad es comer.
La felicidad es una canción que suena en el momento justo.
La felicidad es una casualidad impensable que ni planeándola, habría salido tan bien.
La felicidad es darle una manzana a un moribundo de sida en el metro.
La felicidad es coger un libro especial, y leerlo, sin importar si estás andando o sentada.
La felicidad es sentirte recompensada tras tanto sacrificio.
La felicidad es sentirte útil en este mundo, aunque esa sensación dure unos segundos, o unos minutos.La felicidad es saber que te quieres a ti mismo, a pesar de ti mismo.

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Mi CV dice de mí que voy de SEO con título en PPC y me va el SMO. Qué locura. Los desconocidos dicen de mí que rubia lista en mano es tan poco habitual que se dejan encandilar. Yo digo que Jekyll&Hyde y aquí no ha pasado nada.

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